lunes, 23 de septiembre de 2013

hypocrita
















hypocrita


    Este este el momento de la vida, en el que te engañan, te juzgan por tu forma de vestir y no de ser. El momento, en el que tiendes a cambiar tu vida, de manera radical. El momento en el que cambias tu imagen de los pies a la cabeza, fijándote en el más mínimo detalle que pueda delatar tu antigua existencia para eliminarlo completamente. El momento en el que te comerás la cabeza todos los días ocultando tu verdadera personalidad, pero creando una nueva que le guste a los demás. El momento en el que te sumas al club de los hipócritas.
    Puede parecer que tienen una vida perfecta. Pero no es así. 
    ¿Quieres razones? Estaré encantado de dártelas.
    La primera, como ya te he dicho antes, no puedes ser tú mismo. Crees que tu forma de ser es un asco. No lo es. No. Ser un hipócrita si es un asco. Tú siendo tú mismo/a eres único. Los hipócritas suelen ser casi todos iguales. Se dividen en varias clases, pero no las voy a citar, al menos en este texto.
    Segunda, si te vas a convertir en un hipócrita debes saber que los hipócritas fingen estar bien todo el tiempo, y que, por lo tanto, no son capaces de sincerarse con ellos mismos y ni mucho menos con los demás, pero allá tú, Tus decisiones, tuyas son.
    Tercera, empezará a importante mucho como fastidiar la vida de los demás que mejorar la tuya propia. Estarás cotilleando todo el rato sobre los demás intentando hacer pequeñas grietas que romperán la vida de los demás.
Y punto.

lunes, 16 de septiembre de 2013

DESPERTAR




DESPERTAR

Despierto en el campo de batalla. Hedor. Es lo primero que percibo al despertar.
La verdad es que ha sido un largo día. Me levanto como puedo y miro mi ropa, está manchada de sangre por todas partes, pero son manchas pequeñas, al parecer no tengo ninguna herida grave.
Miro al frente y veo que otras personas sí las han tenido, no distingo a nadie conocido. Puede que sea egoísta pero no me importa lo más mínimo si están muertos todos o si siguen vivos. Lo importante aquí es si sobrevives tú o no.
Aparto la vista de los heridos y miro hacia las montañas. No sé a dónde ir. No tengo casa, no tengo familia, no tengo nada.
Me quito mi pañuelo de la cabeza y me limpio la cara. Es rojo. Pero no porque esté teñido de sangre. Es su color, y el mío también.
Doy unos pasos hacia las montañas y después de caminar durante un rato, echo la vista atrás. Una enorme mancha roja se funde con la tierra mojada. Ahora hace Sol, pero parece ser que ha llovido.
Sigo andando pasivamente, tengo prisa, pero me faltan fuerzas. A cada paso que doy se me hace más difícil mover mis pies. Me pesan las piernas, me pesan demasiado.
Noto que me tocan la espalda. Pero antes de que pueda girarme me empujan haciéndome caer. Me doy media vuelta y no veo a nadie. Me habré caído simplemente. Me escuecen los ojos y tengo mucha sed, pero si me quedo aquí parado no llegaré a ninguna parte. Y no pienso morir ni darme por vencido. Eso nunca.



Tras unas horas caminando a duras penas llego al lago, me pare-cía imposible, la verdad. El lago. Lo ansiaba tanto.
A pesar de mi cansancio corro hacia él y meto la cabeza dentro dejando una mancha roja en el agua. Miro hacia la mancha durante unos minutos, me siento culpable, al menos hasta que se desvanece.
Me quito la ropa lentamente, que se va llevando trozos de mi piel. Me duele, pero he sentido dolores más intensos, dolores que no eran consecuencia de las heridas, sino del corazón. Me sigo quitando la ropa y la piel, pero esta vez, más rápido. Tengo muchas ganas de sentir el agua del lago.
Una vez que me lo he quitado todo me tiro al agua. El dolor de mis heridas se ve reducido a pequeños cortes en mi piel desnuda. El agua me acaricia suavemente limpiándome.
Vuelvo a notar un empujón. Pero tampoco es real.
Sigo dejando que el agua me masajé y alejándome del mundo físico en el que vivo, ya no me importa nada, mis cortes han sido reduci-dos a pequeños arañazos, y estos pronto desparecerán.
Cuando salgo del agua me pesa el cuerpo, me acerco a mi ropa para tirarla al agua pero justo antes de que lo haga veo una nota:

No ha sido un espejismo.”

Eso es lo único que pone. Sonrío para mis adentros y me acerco de nuevo al lago noto que unas manos me acarician por detrás y noto un beso en mi cuello.
Esta vez sonrío de verdad. Hacia el mundo físico, sin darle importancia a quién me vea.
 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

CUARTO CAPITULO


Cuarto CAPITULO

Acabo de terminar las pruebas para el equipo de volley. Me siento diferente, me da impresión de que lo he hecho bien. Tal vez entro en el equipo.
Estoy sentada en el campo de voleibol, cogiendo piedras y dejando que caigan. Al caer parecen una cascada.
-¡Rubia, no estamos en el parque, ve a los vestuarios a cambiarte!- me grita el entrenador. Lo miro con una cara de que me importe poco lo que me ha dicho y sigo con las piedras.
La verdad es que no he entrado en los vestuarios con las demás que han hecho la prueba porque quiero tener intimidad.
-¿No me has oído?¡Que vayas a cambiarte!- me sigue gritando. Y yo le ignoro.- Tengo a las cinco y media otra prueba, ¡quieres ir ya a cambiarte!
Sigo sentada contando piedras.
-¡La prueba es de chicos, y son mayores que tú!- me vuelve a gritar. ¿Se puede saber que intenta?- ¡Aquí no es que se cumplan las normas, ¿sabes?!- acabo de captar el mensaje.
Miro mi reloj. Son las cinco y cuarto. Tengo quince minutos para ducharme, cambiarme y desaparecer. Mierda.
-¡Mira niña!- me grita mientras se acerca.
-Lo he captado. Ya me voy.- le digo levantándome.
Cuando llego al vestuario las pocas chicas que quedan ya se están yendo. Y eso significa una cosa: intimidad.
Me desnudo y meto la ropa usada en una bolsa que meto en la taquilla veintidós, donde tengo la toalla y la muda. Cojo la toalla y me dirijo a las duchas. El agua está fría, me sobresalto pero aguanto dentro sin importarme la temperatura del agua. Al salir me invade una sensación de alivio, no hay nadie en los vestuarios, además lo he pasado mal con el agua fría, tengo la piel de gallina. Me enrollo la toalla alrededor del cuerpo y miro el reloj. Corro hacia la taquilla en la que tenía la ropa. Son menos veinticinco. Me visto lo más rápido que puedo y salgo de los vestuarios con el pelo mojado y el cepillo en la mano.
El entrenador tenía razón, vienen hay el campo de voleibol. Quiero esconderme pero no sé dónde, y además me verían.
Son muy altos, me deben de sacar dos cabezas.
Intento andar rápido pero estoy cansada. Soy estúpida. Consigo andar un poco más rápido de lo que iba sin que me domine el cansancio.
Se acercan. Estoy apunto de pasar por el lado. Ya. Ya está. No, se han parado. Sigo adelante sin parar.
-Eh, ¿qué hace una chica tan pequeña como tú por aquí?- me dice uno. No le miro y sigo hacia adelante.
-¿Tienes miedo enanita?- me pregunta otro.
No aguanto más y me giro. Ahora no sé que decir.
Uno de los chicos se acerca a mí. Es rubio, lleva el pelo hacia arriba y tiene los ojos verdes. Lleva una camiseta de tirantes blanca y unos pantalones cortos grises.
Quiero irme, pero me quedo inmóvil.
-Se dice hola.- me dice agachándose. Los otros chicos se ríen. Parecen idiotas.
Se levanta y se va.
-También se admite lo que uno es, que en tu caso gilipollas.- le grito enfadada. Los chicos que iban con él se ríen. Él se gira hacia a mí.
-¿Cómo una chica como tú puede decir esas barbaridades? Ya deberías estar acostada.- me dice. Los otros vuelven a reírse. No sé quien es más estúpido, si él por decirlo o ellos por reírse.
-Ya deberías estar acostado tú con tu madre.- le suelto con una falsa sonrisa.
-¡La pequeñina tiene carácter!- grita uno de ellos. Después se van entre risas. El chico rubio se queda mirándome y después se va con los demás.
Yo doy media vuelta y sigo con mi camino. Es mi tercer día en la academia y ya tengo un enemigo.

La música me desahoga, me relaja, me separa de todo. Estoy empezando a olvidarme de todo por unos instantes. Estoy completamente relajada, y eso me gusta. Me quito los auriculares un momento y vuelvo a la realidad.
Son las ocho y cinco. Me he quedado dormida.
Me levanto rápido de mi cama y corro a por el peine. Llego tarde a la prueba de Ben y ni siquiera sé dónde se hace.
Miro mi móvil. Tengo trece llamadas perdidas, y son todas suyas. Corro hacia las escaleras mientras le llamo lo más rápido que puedo.




Estoy corriendo sin saber a donde voy, y estoy exhausta, habré decepcionado a Ben, no soy una buena novia, pero peor aún, no soy una buena amiga, me he dormido sin que me importase nada.
No puedo más.
Y.
Me.
Caigo.
Abro los ojos y lo veo todo blanco, parpadeo para ver mejor y veo a un chico y a una chica mayores que yo. No les presto atención y me le-vanto, o al menos lo intento, porque no me quedan fuerzas.
Voy a decir algo pero tampoco puedo hablar. No puedo creer que me esté pasando esto, mis ojos se cierran contra mi voluntad y me quedo inmóvil. No puedo creerlo.
Esta vez me despierto en otro lugar, las paredes son blancas y las baldosas brillan, estoy en una cama, y hay más camillas a mi alrededor. Me quito un paño mojado de la frente y levanto mi tronco para observar la sala. Miro mi reloj, son las nueve y media de la mañana, ¿qué me ha pasa-do? ¿y dónde estoy?
Se me acerca alguien y me hago la dormida rápido, quiero descansar y pensar qué me ha pasado.
Me pone el paño en la cabeza con suavidad y me acaricia el pelo. La intriga me invade. Me encantaría saber quién es pero no quiero quedar como una mentirosa que finge estar mal ante alguien que me trata tan bien así que permanezco con los ojos cerrados. Empiezo a oír ruidos, son pasos. Se abre la puerta de la habitación.
-¿No deberías estar en clase?- oigo decir a una voz masculina, parece un adulto, será un médico. La mano de la persona que me estaba acari-ciando el pelo para de hacerlo y se va. ¿Quién es? Quiero abrir los ojos aunque solo sea por un momento, pero oigo pasos cerca de mí, el doctor se acerca.- Vamos a ver que te pasa y a averiguar por qué no despiertas.- dice en voz baja. Seguramente piensa que nadie lo está escuchando. No debería haberme hecho la dormida.
Estoy pensando en despertarme, o al menos fingirlo.
Abro los ojos lentamente simulando que me despierto y me estiro.
-Buenos días Eveline.- me dice el médico.
Me giro rápido hacia él y finjo que no sé donde estoy mirando hacia ambos lados y al techo.
-Te desmallaste y ahora estás en el hospital.- me continúa diciendo.
-¿Cuándo saldré de aquí?- le pregunto con la voz cansada.
-Cuando te recuperes del todo.- me dice- pero tranquila, solo has perdido un día de escuela, y no parece que te pase nada grave.
Me siento aliviada por unos instantes.
-¿Alguna vez te has desmayado?- me pregunta, vuelvo a estar nerviosa y preocupada. Sí, si que me he desmayado varias veces en mi vida, aunque no me había vuelto a desmayar desde hace dos veranos. No quiero volver a los desmayos, me prohibían hacer muchas cosas. No sé si decirle la verdad al médico, me da miedo que me vuelvan a prohibir ir a sitios, o simplemente salir sola a la calle.
-Pues...- le digo, no sé qué decirle, pero si no se lo digo viviré en una mentira.- la verdad es que estaba muy cansada y había dormido poco.- no sé a dónde quiero llegar.
-Está bien Eveline, ¿pero alguna vez te has desmayado?- me vuelve a preguntar. Le voy a decir la verdad.
-Sí.- suspiro, ahora vendrá un gran interrogatorio y me arrepentiré de haber dicho la verdad.
-Y, ¿normalmente por qué causas te desmayas?- el interrogatorio ha empezado, estoy pensando en responderle de manero cortante, así se sentirá incómodo y puede que deje de hacer preguntas.
-Cansancio.- le respondo sin ninguna emoción en mi cara.
-¿Cuándo fue la última vez que te desmayaste? aparte de ayer.
-Hace dos años que no me desmayaba así que no tendrá importancia.- le digo. Me siento un poco irritada, no quiero que pase nada malo.
-¿Me podrías dar más detalles?- me pregunta. Estoy irritada, aunque más que eso lo que estoy es asustada.
Tiemblo, empiezo a temblar de miedo. Consigo tragar saliva y contestar a la pregunta del médico.
-Solía, solía desmayarme en la piscina.- noto que se me empiezan humedecer los ojos. Está volviendo a pasar, no quiero, no quiero. Tiemblo más que antes.-Al pasar mucho tiempo nadando me pasaba, perdía el conocimiento y me ahogaba.- las últimas palabras las digo tragándome las lágrimas.
-Tal vez se deba a tu forma física Eveline.- me dice.
-No, pensé que si dejaba de hacer deporte mis desmayos se irían, pero no, han vuelto.- le explico llorando, ya no puedo pensar, no puedo controlarme y rompo a llorar.
El médico se va y me deja sola, llorando. Empiezo a hacerme la idea de que mi intento por tener una nueva vida está fracasando. Me mirarán con cara de pena, me tomarán por una chica inofensiva e indefensa y pensarán que no puedo hacer nada sola, es más, Ben me tratará de forma diferente y Rob será un extraño para mí.
Mis lágrimas cesan tras un rato y me doy cuenta de que puede que estuviese delirando, puedo guardarlo en secreto, es más, voy a hacerlo, espero no desmayarme cuando esté con alguien importante para mí.
Me encuentro mucho mejor que cuando me desperté, saldré de este hospital en breve.
Me levanto y me dirijo hacia la puerta, voy decirle lo que pienso al doctor. En mi camino me encuentro con camillas vacías, al parecer soy la única que ha estado aquí. Abro la puerta y busco al doctor. Me encuentro en un pasillo vacío con sillas azules, todas están vacías. Camino descalza hacia la puerta que tengo en frente y la abro.
-¿Qué haces aquí Eveline?- me pregunta al verme.
-Ya me encuentro mejor y sé lo que me pasa así que, ¿me puedo ir?- le pregunto en voz baja.
-Aún no.- me responde.
-¿Cuándo?- le pregunto impaciente.
-No lo sé, si me lo has contado es verdad, podrías irte en media hora, pero tienes que comprometerte a una cosa.- me dice. Me comprometeré a lo que sea para salir de este hospital.
-Está bien, ¿a qué me tengo que comprometer?- le pregunto con im-paciencia.
-Tendrás que venir una vez cada dos días a partir de mañana.- me dice. Me quedo inmóvil.
-¿Por qué?- no me lo puedo creer, voy a tener sesiones de hospital cada dos días.
-La mayoría de los desmayos de las chicas de tu edad ocurren por anorexia, hablarás con una experta y ella descubrirá lo que te pasa.
-¿Pero usted está loco o que le pasa?- le digo irritada.- ¡No soy una de esas chicas que solo se preocupan por su imagen!- le grito. Me ha mo-lestado muchísimo que me tome una chica anoréxica.
-Puedes irte Eveline, te espero mañana a las seis.- me dice sin hacerle caso a mi comentario.
Cierro la puerta de un portazo y me voy.




En el comedor reina el bullicio de siempre. Me he sentado con Ben, Maddy y Austin, les he dicho que ayer me caí y que perdí el conocimiento pero que no era nada grave.
-¡Eveline!- me grita Ben.
-¿Qué?- le pregunto desorientada.
-Te he llamado cuatro veces, estás al lado mío y no has reaccionado, ¿qué te pasa? ¿es por lo de la caída?- me pregunta acercándose a mí cari-ñosamente. Me trata genial, y no quiero perderlo.
-Es que...- le digo. No sé si decirle la verdad pero no puedo seguir porque me calla con un beso. Me acaricia el pelo y después se separa de mí bruscamente. Ahora estoy ardiendo, me arde el cuello, la cara, y posi-blemente esté roja. Esto sudando.
-Lo siento.- me dice. No le respondo, estoy tan nerviosa que no pue-do hablar, Ben ya me había besado antes pero esto es distinto, ahora estamos delante de gente, delante de mucha gente.
No miro hacia ningún lado, le miro sólo a él. Acerco mi mano hacia su cuello y lo acerco a mí lentamente. Él vuelve a acariciarme el pelo y me besa, me dejo llevar, no me importa quién me vea, solo me importa él.
Cuando nos separamos veo a medio comedor mirando hacia noso-tros. El calor vuelve y tengo la cara roja.
-¿Qué miráis todos? ¿Es que nunca habéis visto un beso?- les grita Maddy. La mayoría de la gente aparta la mirada de nosotros rápido, algunos tardan un poco en reaccionar.
Me giro hacia mi plato y agacho la cabeza mientras como.
-Gracias.- le susurro a Maddy antes de tomarme la tercera cucharada de mi caldo de pollo. Ella no me responde, pero sé que lo ha oído. Sonrío para mis adentros al estar más relajada.
Tras terminar mi plato me levanto sin decirle nada a nadie y me voy. Al salir del comedor siento frío, miro al cielo y veo nubes muy oscuras, hoy va a haber tormenta, no me lo parecía esta mañana pero ahora estoy completamente segura. Aunque me podría caer agua en cualquier momento me voy caminando a la residencia sin prisa. No paro de pensar en los desmayos, yo también me trato a mí misma de manera diferente. Mientras los demás no lo sepan no pasará nada, pero no sé si el doctor se lo contará a alguien, no le dije que lo guardase en secreto y me fui furiosa de allí. Camino viendo las plantas, los árboles y todo lo verde de la academia. Me cae la primera gota y dejo que mis ojos dejen caer una lágrima una lágri-ma. Sigo caminando sin prisa a pesar de que empieza a llover más y no tengo nada para cubrirme. Cada gota nace en lo más alto del cielo, es independiente, pero empieza a caer y a caer hasta que se desvanece cayendo a la acera como todas las demás y siendo una más. Pero la gota aguanta en el suelo, por mucho que la pisoteen espera a evaporarse y a volver a ser la más alta de todas las gotas una vez más. Pero las lágrimas salen de los ojos, caen por las mejillas, que se enrojecen, y se quedan con todos nuestros males en el asfalto mojado, hasta que desparecen y se convierten en gotas, en las gotas que te caen en los ojos por casualidad. Empieza a diluviar pero sigo sin prisas, aunque tengo frío y estoy empapa-da, es un momento único, estoy sola.
Sigo caminando helada, hoy no era el día más indicado para ponerse pantalones cortos y una camiseta de tirantes.
Oigo pisadas en el suelo, son rápidas y salpican. Alguien debe de estar corriendo hacia a su habitación, la verdad es que solo es agua, la necesitamos para vivir, y, sin embrago, huimos de ella cuando nos moja.

Oigo a alguien correr hacia mí pero antes de que me pueda girar a ver de quién se trata me envuelve una chaqueta.
-¿Qué mierda te pasa? ¿No ves que está diluviando?- me grita Ben intentando darme calor con su chaqueta.- Estás empapada.
-Tranquilo, solo es agua.- le digo quieta e intentando abrigarme con el calor de su chaqueta.
-Vas a acabar resfriada.- me dice.
-Voy a mi residencia.- le digo como si me hubiesen regañado.
-No, mejor vamos a la mía, está más cerca.- me dice tomándome por la cintura. Caminamos juntos, agarrados el uno al otro hasta que llegamos. Ben abre la puerta de la residencia y me invita a pasar con la mano. Entro y me lleva al salón de la residencia. Me quito mis zapatillas antes de entrar para no destrozar el parqué y las dejo en un lado del felpudo. El salón está vacío. Ben se acerca a la chimenea y la enciende con unas cerillas. Des-pués se quita la camiseta. Mi corazón se acelera.
-Eveline, pasa.- me dice. Entro y me acerco a la chimenea para calen-tarme.
-¿Quieres algo de comer?- me pregunta. ¿Qué? Hemos comido hace media hora.
-No.- le digo con la voz un poco ronca.
-¿Tienes frío?- me pregunta. Es muy considerado conmigo, y eso e gusta, pero no quiero que se moleste en mí.
-No.- le miento.
-Sí, si tienes, estás tiritando.- me dice sentándose junto a mí.
-Bueno, un poco.- le digo. Él me abraza para darme calor.
-¿Mejor?- me pregunta.
-Sí, pero podría estar mejor.- le digo lanzándole una indirecta para que me bese.
-¿Sí? ¿Cómo?- me pregunta. ¿No lo ha pillado? Es increíble. Des-pués me dice- ¿Así?- y me besa, yo le acaricio el pelo y apego su boca a la mía, no quiero que se separe de mí. Bajo mis manos hasta su cintura acariciando su espalda desnuda y dejando que él me acaricie el pelo a mí.
Al fin, tenemos un rato a solas.
Cuando nos separamos tengo la respiración acelerada. Quiero seguir, pero noto que si seguimos así llegaremos a algo más que besos y caricias. Me contengo y consigo que mi respiración y mis pulsaciones vuelvan a la normalidad. Ben hace lo mismo. Me da un beso corto y después se levanta y se va.
Me quedo sola en el suelo del salón de la residencia y noto frío, pero no tanto como cuando llegué, ya no estoy mojada.
Me levanto del suelo y me acerco a su camiseta para olerla. Me gusta su olor.
Vuelvo a dejar la camiseta de Ben donde estaba y salgo del salón a buscarlo. Me lo encuentro a mitad de camino, viene con dos jarras chocolate caliente. Me acerco y cojo una.
-¿No estamos en Verano?- le pregunto extrañada por el chocolate.
-Mañana acaba,- me dice- y mira como está el tiempo.- señala la ven-tana. Me acerco y observo la lluvia mientras sorbo el chocolate, observo los pavimentos mojados, las gotas cayendo por la ventana, resbalándose las unas con las otras e intentando entrar en la residencia, me siento refugi-ada, el salón de la residencia de Ben parece un lugar de lo más acogedor para pasar el Otoño y el Invierno.
-¿Cuándo crees que dejará de llover?- le pregunto volviendo con él.
-No lo sé, pero mientras tanto, nos tenemos el uno al otro.- me dice antes de besarme.
Dejo mi chocolate y el suyo en la una mesa y me tiro encima suya haciéndonos caer en el sofá.
Él me vuelve a besar agarrándome por la cin-tura. Siento su respiración e mi cuello. Cierro los ojos y me dejo llevar una vez más.
Al abrir los ojos ya no estoy con él, tengo una mata encima, sigo en la residencia de Ben, en el sofá donde cerré los ojos por última vez. Me quito la manta de encima y me levanto. Ya no se oye la lluvia.
Estoy descalza. Busco mis zapatillas por el salón pero no están allí, al rato recuerdo que las había dejado en el felpudo antes de entrar. Al ir a por ellas veo a Ben en el pasillo, él también me ve.
-Te quedaste dormida mientras, ya ves.- me explica al verme som-nolienta. Bostezo y después le digo.
-Debería irme a la residencia, es tarde.- le digo atándome los cor-dones de los zapatos.
-¿Quieres que te acompañe?- me pregunta. Me levanto con cansancio y le digo:
-No hace falta, ya me voy yo.
-Pero- empieza a decir antes de que cruce la puerta, no vuelvo para ver como termina su frase, no me hace falta, me puedo ir yo sola a la resi-dencia.
Al cabo de un rato noto frío así que aligero el paso, no sé porque antes he dejado que me cayese la lluvia y no he ido más rápido para no mojarme, ahora no le veo el sentido.




miércoles, 28 de agosto de 2013

TERCER CAPITULO

tercer CAPITULO

sábado. Hoy son las pruebas para los equipos de deportes. No tengo ganas de levantarme.
Al terminar el beso con Ben no había nadie así que no supe si me lo imaginé, o fue Maddy u otra persona.
Me despierto rápido al ver que Maddy no está en su cama. Me quedo sentada en mi cama mirando a la de Maddy sin hacer nada, no tengo fuerzas para moverme; no quiero moverme, tengo las piernas adormiladas y cálidas, y si me levanto de mi cama perderé esa calidez, y no quiero per-derla.
Después de un rato me levanto y sin mirar la hora me voy a las du-chas. Hoy hay más gente que ayer, ¿qué hora será? Me voy a la del fondo como ayer. Por suerte no hay nadie. Abro el grifo del agua caliente y disfruto del agua ardiente.



De camino al desayuno me encuentro con el chico que me puso, lo reconozco por sus zapatillas, y después me fijo en su cara, es él. Me acerco a él con la intención de decirle algo pero cuando estoy a su lado no se que decir.
-Hola.- le digo con una vocecita infantil. Lo he estropeado.
-Hola.- me dice él.- ¿Te conozco? Me suena tu cara.
Espero que no me reconozca, giro la cabeza hacia un edificio, no sé cuál es, pero no quiero que me vea la cara.
-No, creo que no.- le digo sin mirarle.
-A ver, déjame mirarte.- me dice acercándose mí por el lado del edificio al que he mirado.
Giro la cabeza hacia otro lado. Estoy haciendo el ridículo. Paro y giro la cabeza hacia él. De repente se queda callado, sabe quien soy.
-Bueno, ¿cómo te llamas?- le digo para olvidar lo que ha pasado.
-Robert, ¿y tú?
-Eveline.- le digo con una sonrisa.
Seguimos caminando un rato sin decir nada. ¿No saca fuerzas para decirme nada? ¿O tal vez sea yo la que no las saca?
De repente lo veo caer, no puedo guardar un carcajada. Me tapo la boca y me pongo seria. Robert se levanta también serio.
-Perdona.- le digo sin querer decirlo.
-¿Te hace gracia?- me dice serio.
-Ya te he dicho que lo siento.- le digo con la cabeza gacha.
Se acerca a mí. Retrocedo. Se acerca más. ¿Qué me va a hacer? Tengo miedo, no sé si correr o seguir retrocediendo.
Sonríe. ¿Qué maldad va a hacerme? Me late rápido el corazón, dema-siado rápido; y además tengo la respiración entrecortada. No me puedo mover.
Robert se acerca a mí. Cierro los ojos. Espero que lo que sea que me vaya a hacer sea rápido.
-¿Y te hace gracia esto?- me encojo en mí misma para no hacerme daño.
Siento cosquillas... Abro los ojos y empiezo a reírme a carcajadas. Robert, el que me hacía la zancadilla, me está haciendo cosquillas.
-¡Para!- le grito sin dejar de reírme.
-¿Te hace gracia? ¿Te hace gracia?- me grita él haciéndome reír aún más. Espero que nadie nos esté mirando, u oyendo, porque mis gritos son cada vez más fuertes.
Cuando me suelta nos miramos el uno al otro, yo sigo riendo.



-¿Te quieres sentar conmigo?- me pregunta Robert.
Busco con la mirada a Ben, a Maddy o a Austin pero no veo a ningu-no.
-Vale.- le digo con voz suave; no me gusta que me salgan las alabras así porque acabo cambiando mucho de voces.
Me siento en una mesa con él y un chico más. Me gustaría conocerlo pero en este tipo de ocasiones soy muy vergonzosa.
Él tampoco me dice nada y acabamos pasando unos segundos muy incómodos. Al final tiene que acabar Robert dando conversación.
-¿Vamos a por el desayuno?- nos pregunta. Me levanto de mi silla y asiento, el otro chico se queda atrás y habla con Robert en voz baja. Me siento excluida.
Cojo un par de tostadas, un zumo de naranja y mantequilla.
-¡Eveline!- oigo gritar a alguien. Busco a alguien conocido pero no hay nadie, habrá sido a otra Eveline.
Cuando voy a sentarme veo a Ben buscarme. No quiero plantar a Robert y a su amigo pero prefiero comer con Ben.
-Robert.- le llamo.
-¿Qué?
-Pues mira es que acabo de ver a un amigo.- en realidad no es un amigo, es mi novio pero es raro decirlo.
-¿Quieres ir con él?- me pregunta.
-Pues... sí.- le digo en voz baja.
-Vale, ve con tu “amigo”- me dice. ¿Cómo sabe que es algo más? Que yo sepa no le he dicho nada. ¿Lo habrá intuido?
-¿Cómo sabes que no es solo un amigo?- le pregunto asombrada.
-No lo sabía.- me dice relajado rascándose la cabeza.- Pero ahora sí.
Me entra una risa histérica pero no la dejo salir, y si lo hago, muy poco.
Le hago un gesto con la mano para despedirme y sonrío levemente. Cuando lo hago me doy cuenta de que el otro chico me mira enfadado, ¿estará celoso? Bueno, es igual, yo ya me voy, de hecho, me estoy yendo.
Ben me abraza con un brazo mientras yo apoyo la cabeza sobre su hombro.
-Hola.- le digo suspirando.
-Buenos días.- me dice con una sonrisa antes de besarme en la frente. -¿Con quién estabas?- me pregunta, noto que está celoso pero intenta disimularlo.
-Con un chico que me he encontrado cuando venía hacia aquí.- le digo relajada en su hombro. Se ha puesto celoso, pero no me disgusta, le importo.
Me suelta. Espero que no vaya a hacer ninguna locura.
-Voy a por mi desayuno.- me dice frío, seguro que lo ha hecho a pro-pósito. Me siento en una silla gris y dejo caer la bandeja. Apoyo el codo en la mesa y dejo caer la cabeza sobre mi mano.
Robert se acerca. Espero que Ben no coja más celos.
-¿Qué ha pasado?- me pregunta con una sonrisa traviesa.
-Perdona, ¿qué?- le pregunto fingiendo no haberme enterado de la pregunta.
-¿Por qué se ha ido tu novio?
-No se ha ido.- le digo seria y molesta.
-No está aquí.- me interrumpe.
-Se ha ido a por el desayuno.- le digo.
-Pues te veo molesta para que solo haya sido eso.- me replica.
-Se ha puesto celoso.- le digo más molesta que antes,no quería que Ben se pusiese así conmigo.
-¿De mí?- dice sorprendido.
-No, de ese chico.- le digo con ironía.
Robert mira hacia atrás, no puedo evitar reírme.
-No veo a ninguno,- se ríe.- bueno sí pero no a ninguno que haya estado contigo.- esta vez nos reímos los dos.
-Bueno, me voy antes de que se ponga más celoso.-me dice con una sonrisa antes de alejarse hacia su mesa. Yo también sonrío, me cae bien, pero no quiero que Ben se ponga celoso.
Me quedo sola en la mesa untando la mantequilla en las tostada.
Ben vuelve sin decir nada y se sienta. Me quedo mirando a mi plato.
-¿Pasa algo?- me pregunta, no me altero como habría hecho, sigo relajada.
-No, ¿por qué?- le digo.
-Por nada, por nada.- me dice él. Yo sigo con mi plato, y él con el suyo. Me está mirando.
-Oye.- le digo un rato después mirándolo a la cara.
-¿Qué? ¿Pasa algo?- me vuelve a preguntar, le noto preocupado.
-No, no pasa nada. Le digo riendo, él también se ríe.- ¿Estas celoso?- le termino preguntando.
Gira la cabeza y la vuelve hacia otro lado.
-Sí.- dice avergonzado bajándola de nuevo.
-Pues no lo entiendo, ¿no puedo hablar con ningún chico ahora que estoy contigo?- estallo.
-Sí puedes, pero seguiré con mis celos.- me dice sin levantar la cabe-za.
-Mírame cuando te hablo.- le digo intentando parecer seria.
Ben levanta la cabeza y me mira.
-¿Qué?- me dice molesto.
-Esto.- me acerco a él y le beso sin pensarlo, espero que eso le quite los celos. Me quedo un rato apegando su boca contra la mía, hasta que oigo una bandeja caer en la mesa. Me giro rápido.
-¿Habéis terminado?- me pregunta Maddy, está con Austin. Me llevo la mano a la boca y miro a Ben. Está rojo, pero yo lo estaré aún más. Estoy completamente avergonzada, pero no sé por qué.
No le contesto y bajo la cabeza. Maddy y Austin se sientan sin decir nada y empiezan a hablar entre ellos. Yo sigo con mi plato mientras Ben me mira.
Miro a la mesa de Robert, también me está mirando. Agacho la cabeza y me dedico a comerme las tostadas, no sé como explicar por qué lo he hecho.
Momentos después se va Austin, no sé a qué, pero tampoco mi im-porta. Voy a hablar con Maddy, y no va a ser una conversación muy agradable.
-¿Es que te molesta?- le pregunto yo más molesta que ella.
-Eveline tranquila.- me susurra Ben antes de que Maddy responda. No me pienso tranquilizar, si quiero besar a mi novio lo beso y punto.
-¿Molestarme? ¿El qué? ¿Que os beséis y solo os conozcáis desde hace tres días?- hace una pausa, está echando su rabia hacia afuera con cada palabra que dice. Sonrío para mis adentros, pero es una sonrisa malig-na.- Pues sí, me molesta porque lo vuestro no es real.
Mi interior se llena de rabia en cuestión de segundos, ¿que nuestro amor no es real? Si que lo es, y posiblemente más que el de Austin hacia ella.
-¿Que no es real? Eso tú no lo sabes.- estallo.- Lo que no es real es que Austin te amase.- Estoy roja, me arrepiento pronto de haber estallado, pero sigo enfadada y eso me impide pensar. Me levanto con la bandeja y la dejo con todas las demás.
-Lo siento, ella no es así.- le dice Ben a Maddy.
-Ni siquiera la conoces.- murmura Maddy con resignación.
Ben se levanta y va detrás de mí, no quiero enfadarme con él así que voy más rápido para que se me pase el enfado.
-Eveline.- empieza a susurrarme al salir. Sigue así un rato así que no me callo.
-Mira Ben no quiero enfadarme contigo así que lo mejor que puedes hacer es irte.
-Eveline, escúchame.- me dice agarrándome del brazo. Intento soltar-me pero no puedo, tiene más fuerza que yo.
-Eveline.- me vuelve a susurrar.
-Que me llames por mi nombre no va a arreglar las cosas.- le suelto tensa.
-Eveline.- me susurra otra vez. Respiro hondo para contenerme.- ¿Qué clase de novio sería si no estoy contigo en los malos momentos?- me pregunta. Eso me hace recapacitar. Empiezo a recuperar mi color de piel y me siento más tranquila. Noto que me suelta, ya no hace falta que Ben me agarre del brazo. Estoy quieta, y también relajada. Ben se acerca a mí.
-Gracias.- le digo con voz suave.
-De nada.- me susurra él. Después me besa.



He vuelto a la cafetería. Me ha obligado Ben. No quiero estar aquí pero hace falta que alguien se disculpe, y como yo he sido la que más ha metido la pata debo de ser yo la que se disculpe primero. Me la encuentro llorando en la misma mesa en la que la he dejado. Me siento muy culpable, demasiado.
Me muerdo el labio inferior y me siento en la mesa en la que está Maddy.
-¿Qué quieres?- me pregunta molesta quitándose el pelo de la frente.
-Maddy, escúchame, por favor.- me parezco a Ben cuando me seguía, siento un poco de asco hacia mí misma por ser como él y haber sido así.- Sé que me he pasado un poco.- sigue sin mirarme.- Bueno, tal vez mucho, pero lo siento. Es que estaba nerviosa y he estallado. Maddy por favor háblame.- no sé si voy a aguantar mucho más aquí sin que me hable.
-Yo, yo también lo siento. Me he pasado diciendo que lo vuestro no era real y todo eso. Estaba celosa.
No puedo evitar esbozar una sonrisa y reírme un poco. Maddy está celosa de mí, nunca antes había estado celoso de mí, siempre estuve un poco marginada.
-¿Todo arreglado?- le pregunto con una sonrisa.
-Todo arreglado- me responde ella con otra. No se que tema de con-versación sacar ahora, así que saco lo primero que se me ocurre- Bueno, ¿y Austin?- le pregunto; espero que no se note que quiero irme.
-No lo sé, decía que venía en unos minutos pero no ha vuelto.- me dice desorientada; lo está pasando mal, y ese Austin no es que sea muy bueno. Es guapo pero su personalidad me da asco, no sé cómo Maddy pue-de haberse enamorado a Maddy.
-Maddy, creo que Ben me estará esperando...- le digo con ganas mal disimuladas de irme.
-Tranquila, yo le espero.- me dice con la voz ronca. Me siento fatal por ella pero a la vez me quiero ir con Ben. Ojalá no fuera tan buena con la gente.
-No pasa nada, me quedo contigo.- le digo arrepintiéndome con cada palabra.
-No Eveline, Ben te está esperando.- me dice. Supongo que ella tam-poco quiere decir lo que dice, lo hace por mí. ¿Hasta que punto hay que mentir por una persona?
-Ben puede esperar.- la callo rápido. Me mira con los ojos húmedos. Yo miro al frente esperando que aparezca Austin, ¿que estará haciendo? ya empiezo a odiarle.
-Eveline, no tienes que quedarte si no quieres.- me dice después de un rato. Claro que no quiero quedarme, pero no pienso dejarla sola.
-No, no quiero quedarme, pero lo voy a hacer, porque me importas, y porque tú harías lo mismo de estar en mi lugar.- le digo seria.
-Gracias Eveline, eres una buena amiga.- me dice agachando la cabe-za. Se le escapan un par de lágrimas que caen en la mesa formando peque-ños charcos. Me quedo callada mirando los charcos de lágrimas que se han formado.- Vete.- me dice en un tono seco.
Me quedo totalmente sorprendida, esperando una explicación. ¿Qué me vaya? Pensaba que quería que me quedase, me ha dicho gracias.
-Eveline vete. Quiero estar sola.- me dice con menos expresión que antes. ¿Qué le pasa?
Me quito un mechón de pelo de la frente y me voy sin decir nada. Con la voz que ha puesto no me quiero ni imaginar sus ojos, y por si no me intimidase ya bastante es más alta que yo, y también más fuerte.



Ya estoy fuera, lejos de la Maddy que me da miedo y junto a Ben, el chico que me reconforta. Es un buen cambio, pero me sigo sintiendo mal. He hecho lo más fácil.
Irme.
-He hecho mal, ¿verdad?- le digo a Ben meditando.
-No sé a qué te refieres, te ha dicho que te vayas, no hay razón para estar triste.- me dice antes de inclinarse para besarme. Me separo de él. No estoy para besos y caricias cuando Maddy está sufriendo.
Me pongo la mano en la frente buscando una solución al problema de Maddy. Sí, me ha dicho que me vaya,me he ido. Pero no sé.
Levanto la cabeza rápido. Se me acaba de ocurrir algo, pero no tiene ningún sentido.
-Ben, ¿dónde está Austin?- le pregunto rápido.
Ben niega con la cabeza, pero no sé el qué.
-No te lo puedo decir, lo siento.
-¿Por qué no?- le suelto alterada.
-Le he jurado que no se lo diría a nadie.- me dice desilusionado. Debe de estar fingiendo.
-¿Ni siquiera a tu novia?- le digo fingiendo estar fatal.
-No si mi novia se lo cuenta a más personas. Lo siento Eveline, pero los secretos secretos son.- me dice simulando tener sabiduría, tal vez la tenga, o tal vez no.
Agacho la cabeza.
-Eveline.- me dice.
-¿Qué?- le digo levantando la cabeza con esperanza. Tal vez haya funcionado y me lo va ha decir.
-Para de fingir.- me dice antes de echarse a reír.
Me muerdo el labio inferior miro hacia otro lado.
Al otro lado veo una puerta, la de la cafetería, y de ella sale Robert. Voy a saludarlo para darle celos a Ben. Espero que sirva para que me diga el paradero de Austin.
-¡Hola Rob!- le saludo.
-¿Rob?- me pregunta.
-Sí, es como un diminutivo de Robert, cojo el Rob- y quito el -ert.- le explico alegre. En mi antigua ciudad solíamos llamarnos por diminutivos, motes, apellidos, o cualquier cosa que no fuera de tu verdadero nombre.
-Pues entonces yo debería llamarte...- se queda pensativo.
Mientras lo piensa miro hacia atrás. Ben no se ha movido y nos mira un poco enfada-do. Funciona.
-¡Eve!- me grita sobresaltado.
-Me gusta.- le digo con una sonrisa.
-Bueno, ¿qué querías?- me pregunta después.
-Ahh, bueno es que necesito que Ben me cuente unas cosas.- le explico.
-¿Tu novio?
-El mismo.- le digo con una leve sonrisa.
-Y... ¿si sois novios no deberíais contároslo todo?- me pregunta. Tiene razón, una gran razón. Y odio que la tenga.
-Sí...- suspiro.- ¿Bueno me ayudas?- le pregunto impaciente.
-Sí, a ver, esto me lo hicieron una vez, líate con él y lo convences.- me dice con una sonrisa traviesa.
-No creo.- le digo. Pero puedo hacer otra cosa que sí que funcionará.
-Espera, se me acaba de ocurrir una idea. ¡Gracias Rob!- le abrazo de la emoción.
-¡Adiós Eve!- me grita cuando ya estoy lejos, apunto de tirarme a por Ben.
Mientras Ben me besa, busco su móvil en los bolsillos de sus pantalones. No está en los dos delanteros así que le acaricio la espalda y busco en los traseros. Lo tengo. Pero el móvil empieza a importarme menos, no sé ni por qué lo he cogido. Empiezo a pensar en Ben, en Ben y nada más que en Ben.
Él es mío.
Y yo soy suya.