Si os habéis fijado en el blog hay un nuevo apartado, como blogger no suele estar de mi parte es otro blog distinto. Pero todo vínculado y bien bonito. **
Por si no os habíais fijado está ahí:
Y para móbiles:
Toda la información allí. *
jueves, 3 de abril de 2014
Memorias de un Mensaje. - CAPITULO 3
Por el título de este capítulo, podréis adivinar qué
rumbo ha tomado la situación. No será un capítulo muy largo, pues
hay bastante poco que contar. Esto termina como era de esperar.
Ahora todo ha cambiado. Nada es como solía ser antes.
David rompió su promesa, nuestro pacto se perdió en el
pasado. Sinceramente, me lo esperaba. Empezó a salir con Blanca
justo el día que yo celebraba mi cumpleaños, el catorce de febrero.
¿Debería estar enfadado? ¿No se supone que era yo el
que le animaba a que diera el gran paso? No. Él sabía el daño que
me haría... Todo aquellos pensamientos se agolpaban en mi mente
haciéndo que no pudiese pensar en otra cosa.
Un sentimiento de odio hacia David crecía día a día
dentro de mí. Intentaba esconderlo y contestarle a todo con una
sonrisa en la cara como tiempo atrás, aunque a veces no podía
ocultar toda mi ira. A pesar de lo que había hecho, no quería que
dejase de ser mi mejor amigo, aunque no se portase como tal.
No soportaba la idea de quedarme más solo de lo que él
ya había hecho que estuviese, pero ahora nó solo Blanca había
salido de mi vida, sino que también David.
Algo que hacía me parecía gracioso. Siempre que Blanca
quedaba con nosotros, aprovechaba para besarla, pero siempre
intentaba que fuese a escondidas. ¿Pretendía ocultar lo evidente?
¿Intentar que yo no me percatase? Puede que simplemente quisiesen
algo de intimidad... Todo esto me hacía ser más paranoico de lo que
ya era antes en un principio.
No quería estar con Blanca, me incomodaba el hecho de
que ella lo supiera todo. No me gustaba hablar con ella por Whatsapp.
Necesitaba alejarme de ella por un tiempo.
Y hasta aquí este capitúlo, no hay nada más que
contar.
jueves, 20 de marzo de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
QUINTO CAPITULO
Well
Hola,
después de mucho tiempo he conseguido terminar el quinto capítulo
de ATP, he tenido una gran falta de inspiración para esta historia
en estos meses, pero al fin he conseguido escribir el capítulo,
mejor tarde que nunca.. No sé cuando publicaré el sexto, pero
supongo que tras el octavo el primer trimestre en esa academia
terminará y pasa´ra bastante tiempo hasta el siguiente. Perdonad
mi tardanza.
Capitulos
anteriores:
Para este capítulo escuchad la canción que queráis, no me decanto por ninguna.
QUINTO
CAPITULO
ya
han pasado tres semanas desde el comienzo de las clases. Me he
acostumbrado a los horarios, a las comidas, a mis compañeros y he
hecho buenos amigos. La mayoría de ellos no están en mi clase y no
se conocen entre ellos. Es raro no tener tiempo para todos. Los
viernes y sábados los suelo pasar con Ben, a veces vamos con Maddy y
con más gente pero los mejores momentos son en los que estamos los
dos solos. Ahora la mayoría de la academia sabe que estamos juntos,
y la verdad es que no me incomoda. Mi amistad con Rob se ha
fortalecido tanto que he quedado algunas tardes a solas con él, yo
le cuento mis problemas, él a mi los suyos, y le damos solución
entre los dos, la verdad es que es una persona encantadora, es como
un hermano para mí. Comparto más secretos con él que con Maddy.
Por otro lado parece que Maddy y Austin se llevan bien, pero no han
llegado a nada más que a ser amigos, creo que los dos se gustan pero
con todo lo que les ha pasado no consiguen la suficiente confianza el
uno con el otro y tienen miedo de volver a romper, tienen miedo del
dolor, de las lágrimas y de la traición. También tienen que tener
la cabeza llena de dudas. He empezado ha entrenar en el equipo de
volley, siento que estoy cambiando a mejor, cada día me siento más
fuerte, y no solo de físicamente, sino psicológicamente. He ido ya
seis veces a hablar con la doctora. Cree que soy anoréxica, pero le
estoy haciendo cambiar de parecer, normalmente me pregunta, sobre lo
que como, pero a veces se pasa y me pregunta cosas de mi vida
privada, al igual que toda la academia, sabe que soy la novia de Ben.
La diferencia es que ella sabe todos los detalles de nuestras citas y
nuestros momentos más íntimos y mis pensamientos, todos y cada uno
de ellos, me hace apuntarlos en una libreta y darle la hoja de la
libreta cada vez que la veo. Parece que cuando me desmayé estaba
demasiado cansada y le podría haber pasado a cualquiera, pero la
doctora se está convirtiendo en mi psicóloga.
Ahora
me dirijo a una de nuestras charlas, ya no hace tanto Sol como en
Agosto, se empieza a notar Octubre. Son las seis, pero ya está
anoche-ciendo.
Camino
por el campus de la academia observando los árboles, empiezan a
tener un color anaranjado y amarillento. A algunos solo les quedan
las ramas y el tronco ya que sus hojas abundan por el suelo.
Noto
una gran corriente de aire que me hace cerrar los ojos y meter las
manos en los bolsillos de mi sudadera. Cuando el viento cesa abro los
ojos de nuevo. Antes tenía la capucha puesta, pero ahora no.
Me
vuelvo a poner la capucha tapando mi melena rubia y comienzo a
caminar otra vez. Me queda poco para llegar a la enfermería. Solo le
he contado a a una persona que voy allí, y esa persona se llama Rob.
Entro
en el despacho de la doctora y me siento. Tan solo verla me ha
irritado. Su moño castaño, sus gafas y su bata blanca me producen
malos recuerdos de las primeras sesiones que tuve con ella. Puede
parecer raro pero yo suelo relacionar sonidos, imágenes, olores y
tactos a los recuerdos, por lo tanto, si alguien se pone la ropa con
la que estuvo un día enfadado conmigo mi cerebro asociará la imagen
de la ropa al recuerdo de la discusión y me sentiré mal.
-Buenas
tardes Eveline.- me saluda. ¿Qué tienen de buenas? Tengo que estar
aguantando sus preguntas personales y ella mis respuestas con malas
formas.
-Hola.-
le digo acompañando la palabra con un suspiro.
-¿Me
dejas echarle un vistazo a la libreta?- me pregunta. Saco la libreta
del bolsillo de mi pantalón y se la entrego.
La
doctora la coge con una sonrisa forzada y la abre. Empieza a pasar
las páginas hacia adelante y hacia atrás, debe de estar comparando
mis pensamientos de los diferentes días.
-Bien,
sueles escribir las mismas emociones casi siempre, y tu manera de
pensar no cambia.- me quedo mirándola dudosa.- Eso es bueno.- me
explica.- ¿Qué tal tu semana con Ben?- me pregunta después. Quiero
responder le que la semana aún no ha acabado, sacar mis sentimientos
de mi interior, y desahogarme pero me obligo a responderle con buenas
maneras y tener buenos modales.
-Bien.-
le digo. Me quedo callada con una pequeña sonrisita mirando su
desconcierto.
-¿Algo
más? ¿puedes explicarme que habéis hecho o por qué va bien?- me
pregunta desconcertada. Me aguanto la risa y le respondo con voz de
niña pequeña.
-No
sé, ha sido una semana normal.- le digo antes de esconderme en mi
sonrisa.
-Está
bien, bueno- se abre la puerta, me giro rápido par ver de quién se
trata. Me quedo sin respiración al ver quién es. Es un chico rubio,
lleva el pelo hacia arriba un poco despeinado, lo cual le da un toque
atractivo. Sus ojos verdes se fijan en mí por un momento sin darme
mucha importancia. ¿Tienes miedo enanita?
No
paro de oír esa frase en mi cabeza.
Giro
la cabeza y me entierro en mis pensamientos. Estoy temblando y no
puedo hablar. No sé si es porque me castañean los dientes o porque
tengo un enorme nudo en la garganta.
-Niall,
espera un momento a fuera, ya estoy acabando con esta chica.- le dice
la doctora con calma, parece estar entrenada para esto.
La
miro con lágrimas en los ojos y veo el reflejo de Niall en sus
gafas, la verdad es que la hacen parecer más intelectual.
-Pero
doctora, si no tardaremos nada.- le dice poniéndole la mano para que
le de algo, no sé de qué se trata, pero siento un poco de intriga
por saberlo. Me gustaría mirar, pero estoy llorando, y lo cierto es
que me tiemblan las piernas.
Intento
hacer que cese el tembleque pero no lo consigo. Así que entierro mi
cabeza en mis brazos para que no me vea sufrir, y menos por que sea
él.
-No
me repliques Niall, no te voy a dar más...- le regaña la doctora,
pero para de hablar al percatarse de que sigo en su despacho. Quiero
saber de qué hablan.
Niall
suspira molesto.
-Los
dos os parecéis, deberíais hablar de vuestros problemas alguna
tarde.- nos dice después. ¿Yo? Parecerme a él, nunca. No me
parezco, y si dice que nos parecemos por la anorexia está más
equivocada, no padezco ninguna clase de enfermedad, me desmayé sin
más. Estoy harta de que no me crean.
-Adiós.-
le dice secamente mientras se va. Entiendo como se debe de sentir,
esta mujer me frustra tanto.
-Buen
viaje.- le dice la doctora irónicamente. Siento asco hacia ella
cuando lo dice, hacia su personalidad, es tan arrogante.
Niall
cierra la puerta de un portazo, inmediatamente levanto la cabeza.
-Eveline,
¿por qué estás así?- me pregunta preocupada la doctora. Me fijo
en sus rizos castaños para no pensarlo, pero el hecho de que ya lo
haya preguntado hace que comience a llorar más.
-Ese
chico se metió conmigo el primer día de mis entrenamientos, y le
planté cara, no debí hacerlo.- le digo llorando a más no poder.
Empiezo a atragantarme con mis lágrimas, lo que me hace llorar más
y toser.
-¿Por
qué no me lo habías contado?- me pregunta estupefacta.
-¿No
es obvio? Me duele recordarlo, me sentí avergonzada.- le grito sin
dejar de llorar.
-Es
suficiente.- me dice poniéndose la mano en la frente. Está cansada
de mí, debe de pensar que mis problemas son estúpidos e infantiles.
-Te voy a dar un consejo. No puedes ponerte así cada vez que veas a
alguien o te pase algo.- me dice, más que consejo parece una orden.
-¿Por
qué? ¿Qué tiene de malo sacar mis sentimientos hacia a fuera?- le
grito con más lágrimas todavía. La doctora se queda callada, no
debe de encontrar una respuesta correcta para mi pregunta.
Me
levanto de malas formas de mi silla y me voy.
Mientras
camino de vuelta a la residencia me seco las lágrimas. No hay
absolutamente nadie en el campus.
-Bonita
sudadera.- oigo decir a una voz detrás de mi. Me giro pero no
encuentro a nadie. Sacudo la cabeza y sigo caminando, debo de
habérmelo imaginado.
-¿Te
gusta el morado, eh?- oigo decir de nuevo a la voz cuando estoy más
adelante. Levanto la vista del suelo y lo veo en medio del camino,
ahí está. Niall, el chico al que temo, está enfrente de mí.
Sin
pensarlo dos veces empiezo a correr en sentido contrario en el que
está él. Corro todo lo que puedo muerta de miedo, pero por
desgracia él es mucho más rápido que yo.
Me
alcanza y me tapa la boca con su mano mientra me agarra el cuello con
su brazo para que no me escape.
Empiezo
a patalear para soltarme pero no consigo nada, ¿qué va a hacerme?
-Tranquila.-
me dice entre dientes intentando que deje de moverme. Yo sin embargo
sigo pataleando y buscando otras formas de escaparme todo lo que
puedo, pero acabo por dejar de hacerlo puesto que nada da resultado.
Dos
lágrimas salen en contra mi voluntad de mis ojos, no quiero volver a
llorar, pero presiento que no van a ser las últimas lágrimas de
hoy.
Niall
me coge en brazos y me lleva justo al lado opuesto de mi destino, no
sé a dónde me lleva ni que me va a hacer, pero no puede ser bueno.
Tras
un rato caminando en sus brazos al fin toco el suelo. Niall me baja
pero no me suelta del todo. Genial, estoy en el descampado donde
empecé a salir con Ben. No puedo evitar esbozar un sonrisa. No
quiero que Niall me vea sonreír así que aparto la sonrisa de mi
rostro.
-¿Nos
parecemos?- me pregunta a agarrándome de la espalda. Así que todo
esto es por lo que ha dicho la doctora.
-Está
claro que no.- le digo. -No nos parecemos nada.
-¿Qué
es lo que te pasa? Vamos cuéntalo.- me dice acercándose a mí.
Niall no es mi amigo, está claro, no puede acercarse así a mí, y
menos pedirme explicaciones de mi supuesto enfermedad. Sinceramente,
odio a la doctora.
-Es
una farsa, la doctora se ha vuelto loca y se cree que soy una chica
anoréxica, ni siquiera estoy delgada, no la entiendo,- le digo. He
hablado demasiado, o más bien, he pensado en voz alta.-¿y a ti? -le
pregunto después.
-Estupideces.-
me responde. Soy estúpida, le he dicho lo que me pasa sin que él me
haya dicho nada.
-Yo
te lo he dicho, dímelo tú a mí.- le digo en voz alta. Me ha
enrabiado bastante no poder saberlo, tengo tanta intriga. Seguramente
él también piensa ahora que soy anoréxica, esto es increíble, por
un simple desmallo me toman por mentirosa y posiblemente por loca. Lo
odio.
-Creo
que note conviene exigir nada, mi pequeña Eveline. Observa la
situación, te tengo en mis brazos y puedo hacer lo que me convenga
contigo.- me dice tenso. La impotencia me invade, tiene razón, puede
hacer lo que le convenga, pero si no lo ha hecho ya debe de ser por
una razón. “Mi pequeña Eveline”. No soy suya, aunque puede que
en este momento puede que sí lo sea.
Hago
un esfuerzo por mantener los ojos tensos sin derrochar ninguna
lágrima.
-¿Y
ahora qué?- le pregunto sin mirarle a la cara. No quiero ver como se
regodea de tenerme aquí contra mi voluntad.
-Ahora
te puedes ir, porque no creo que quieras hablar en este momento. Pero
mañana volverás aquí, porque si no lo haces iré a por ti. Y otra
cosa, no le dirás nada a nadie. Piensa esta noche en lo que te estoy
diciendo. ¿Está claro Eveline?- me explica mirándome a los ojos un
poco tenso con una sonrisa un tanto agónica.
Asiento
con la cabeza porque estoy segura de que no podría pronunciar
ninguna palabra, y menos una que significa tantas cosas como un sí.
Niall
me quita una de mis pulseras, una hecha con hilos azules y blancos
que me regaló Kevin cuando éramos pequeños, es más, me la hizo él
porque mi madre no quería regalarme una pulsera parecía que yo
quería. Al principio no me gustó pero con el tiempo es pulsera fue
adquiriendo valor. Y ahora me la acaban de quitar.
A
continuación me quita mi reloj, no puedo evitar mirarle enfadada
aunque con miedo.
-Tengo
que asegurarme de que mañana vendrás.- me dice mientras mete las
cosas en el bolsillo de su pantalón.
Quiero
hablar con él sin miedo, pero no lo consigo.
Niall
me vuelve a agarrar el brazo y me lleva hasta unas escaleras, lo más
posible es que lleven a la academia, ¿cuánto nos habremos alejado
de ella?
Comienzo
a subirlas, y al llegar a la cima siento como si me liberase de algo,
ya puedo hablar, ya no tengo el nudo en la garganta que tenía antes.
Comienzo a correr hacia mi residencia por las baldosas del camino,
sin tener muy claro si realmente me llevarán al lugar al que espero
llegar.
Mientras
me lavo los dientes oigo un chillido. Escupo la pasta y vuelvo a mi
habitación en busca de Maddy.
-¿Qué
ha sido eso?- le pregunto.
-Pensaba
que tú lo sabrías.- me dice levantándose nerviosa. -Vamos a ver.
Bajamos
las escaleras rápido y nos encontramos a las demás alrededor de una
puerta, algunas llorando y otras hablando entre susurros preocupadas.
Me
acerco para ver mejor lo que pasa, lo cual me hace retroceder. Una de
las chicas de la residencia está inerte en el suelo, se llama Rita.
-¿Qué
le ha pasado?- les pregunto a Brenda y a Camille.
-Rose
la he encontrado así, creo que ha tenido una bajada de azúcar.- me
responde Camille preocupada. La frustración me llena, me alejo de
ella y me siento en la escalera. Apoyo mi cabeza en mis rodillas y
dejo caer algunas lágrimas. Ya tengo dos razones para no dormir
tranquila esta noche.
Minutos
después llega nuestra supervisora, Kate, con más personas. Alguien
se acerca a mí.
-¿Eveline?-
me pregunta la doctora, la reconozco por su voz.
Levanto
la cabeza con lágrimas y la miro.
-Lo
siento.- me dice con la cara apenada.
-No
lo sientas por esto, no sabes lo que me has hecho.- le digo con
agonía. Por su culpa estoy atada a Niall de alguna manera.
-No
te entiendo, pero he estado hablando con tus compañeras, con Maddy
en especial, ya no hace falta que vengas más a mi consulta.- me dice
con una pequeña sonrisa.
-No
pensaba ir.- le digo sin mostrar emociones.
-Adiós.-
me dice antes de irse con los demás y con Rita.
-¿Y
ahora qué?- pregunta una chica.
-Yo
me voy a quedar esperando hasta que nos traigan noticias, vosotras
haced lo que queráis.- dice su compañera. La comprendo, pero no sé
si yo haría lo mismo por Maddy, es como si fuese su amiga por
obligación, por estar en su misma habitación. Es simpática, pero
de no estar en su misma habitación me habría acercado a ella, no
como a Rob.
-¿No
es lo mismo estar aquí que en nuestras habitaciones?- pregunta otra
chica.
-En
nuestras habitaciones no nos enteraremos si traen noticias.- le dice
Rose molesta.
-Tiene
razón.- dice otra.
-Estamos
a dos metros, ¿como no nos vamos a enterar?- replica la otra chica.
-¿Cuando
llega Eveline a las tantas de la noche después de estar con Ben te
enteras?- dice la compañera de Rita a punto de estallar.
Levanto
la cabeza avergonzada. Todas me están mirando, supongo que esperando
a que hable. Un calor comienza a subir por mi cuello hasta llegar a
mi frente, pero sin desparecer por ninguna parte de su recorrido,
debo tener la cara roja.
El
silencio reina en la residencia por unos segundos.
-No
metáis a Eveline en esto, ya está sufriendo bastante.- exclama
Maddy haciendo que ahora la miren a ella. El calor comienza a
desaparecer con los nervios y la vergüenza, pero creo que se lo paso
a Maddy, aunque no con tanta intensidad.
-Estamos
discutiendo por una tontería, ¿no os dais cuenta?- exclama una
chica pelirroja ajustándose sus gafas moradas, Chrystalle.
Las
otras chicas la miran molestas, ni que hubiese dicho la mayor
barbaridad del mundo, es más, estoy de acuerdo con ella.
-No,
la verdad es que no, no llevas razón, que se te den bien los
estudios no significa que tengas razón en todo.- exclama su
compañera.
-¿Qué?
-le pregunta incrédula.
-Lo
que oyes.- le responde de mala gana.
-Creo
que la envidia te está cegando, Angelina.- le dice Chrystale con
tono de superioridad.
-¡No!
¡No es la envidia, estás siempre igual, crees que tienes razón en
todo pero no es así! Normalmente intento callármelo pero cada día
me sacas más de mis casillas.- estalla Angelina. Me parece que se
está desahogando nada más, suelen estar muy unidas siempre.
-¡Pues
si tanto te saco de tus casillas no entiendo por qué sigues
conmigo!- le grita Chrystalle con dolor y rabia. Parece que Maddy
también lo nota.
-Calma,
esto se nos está yendo de las manos.- les dice interponiéndose
entre las dos.
-¡No
voy a calmarme si no quiero!- le grita Angelina.
-Solo
era una sugerencia.- dice Maddy en voz más baja.
No
puedo evitar soltar una carcajada a causa de la situación.
-¿Y
tú qué Andersen? ¿Acaso buscas pelea?- me grita Chrystalle.-
Siempre tan callada y solitaria con nosotras, pero luego no eres nada
así, te pones a perrear con cualquier chico que ves. ¿Te crees
mejor que nosotras?- me dice. No puedo aguantarlo y comienzo a
temblar. ¿Se puede saber de dónde ha sacado que voy perreando
por
ahí.
-¡Eso
es!- grita otra chica rubia de pelo rizado. ¿Se puede saber que les
he hecho?
No
aguanto más y me levanto de la escalera.
-¿Se
puede saber qué os he hecho? ¿O al menos de dónde habéis sacado
que voy perreando?
En primer lugar, si soy callada con vosotras será porque no quiero
hablar con vosotras, prefiero mantener las cosas en secreto, ¿porque
sabéis lo que me pasa siempre? Que la gente usa mis secretos para
crear rumores y arruinarme, como me estáis haciendo ahora mismo con
lo de perrear.
-tras la última palabra me dejo caer en la escalera de nuevo y
entierro la cabeza en mis rodillas dejando caer lágrimas.
-Mira
a vosotras os pasa algo, no sé si es envidia o ganas de estropearlo
todo pero algo os pasa. -me defiende Maddy antes de intentar
consolarme. Me sorprendo un poco por su actitud, supongo que había
subestimado su amistad.
-Me
voy a dormir, intentad no gritar en el resto de la noche. -dice una
chica antes de irse con su compañera.
El
silencio vuelve a llenar la residencia, ¿hasta dónde nos va a
llevar esto?
Pasamos
otros minutos más discutiendo sobre si quedarnos aquí o no, lo
cierto es que Chrystalle tiene razón, estamos discutiendo por una
tontería. Pero la tontería nos está llevando a una discusión de
verdad llena de odio y rabia. Lo importante es como se encuentra
Rita, pero parece que eso no le importa a ninguna. No quiero seguir
aquí.
Me
seco las lágrimas y me levanto.
-Me
voy. -les anuncio sin mucho entusiasmo. Comienzo a subir las
escaleras hasta que una chica me para, Chrystalle.
-Espera,
lo siento. -me dice, pero ya es tarde para que se disculpe, ahora no
quiero hablar con ella, no quiero hablar con nadie. Sigo subiendo las
escaleras ignorándola. -Eveline. -me vuelve a llamar.
-Déjame.-
le digo intentando no mostrar ninguna emoción.
Tras
entrar en mi habitación cierro la puerta y me derrumbo en mi cama.
No puedo evitar mirar la hora en mi móvil, aunque tampoco me importa
mucho. Las una y media. Mañana tengo clase, pero no me importa
mucho.
Entierro
la cabeza en mi almohada y desaparezco de allí, de la residencia, de
la academia, del mundo. Ya no me siento como si fue se yo, los
problemas ya no están y mis preocupaciones tampoco. No me importa
nada, solo el descanso y la reflexión, es como si no estuviese en mi
cuerpo, como si fuese una nube de gas que recorre el mundo sin apenas
hacer un esfuerzo.
Oigo
la puerta abrirse y desaparezco de allí. Las preocupaciones vuelven
a mi cabeza y vuelvo al mundo real.
Me
giro para ver quién es, Maddy.
-¿Estás
bien?- me pregunta sentándose a mi lado.
-Sí,
tengo más cosas de las que preocuparme.- le digo. Tras decir esas
palabras recuerdo a Niall, pero no sé si ha sido real o simplemente
un sueño. Me miro la muñeca y no me lo creo, mi reloj y mi pulsera
no están.
-¡Eveline!-
exclama Maddy al ver mi cara de preocupación.
-¿Qué?-
le pregunto cambiando mi cara.
-Parecías
preocupada.
-No
es nada, es solo que tengo sueño, me hace falta dormir.- le digo
metiéndome en mis sábanas.
-Está
bien, pero mañana tenemos que hablar.- me dice metiéndose ella en
su cama.
-¿Mañana?
es viernes.- me quejo cerrando los ojos.
miércoles, 15 de enero de 2014
Memorias de un mensaje. - CAPITULO 2
Todo acaba de comenzar. Nos volvemos a encontrar los
tres otra vez. La sirena anuncia el comienzo de la primera clase de
este nuevo año. Aún no la habíamos visto. Queríamos estar
presentes los tres al mismo tiempo, o por lo menos era lo que yo
deseaba.
¿Cómo sería ese momento? Me preguntaba mientras
avanzábamos hacia el gimnasio del instituto. ¿Incómodo? ¿Violento?
Puede que hasta algo gracioso... No podía pensar en otra cosa.
David no había llegado aún, y tenía muchas ganas de
hablar con él.
Tenía la impresión de que podía salir algo bueno de
toda esta historia. Esto podía fortalecer mi relación con mi mejor
amigo, o por el contrario, destrozarla por completo.
Al fin llegó al gimnasio.
- Por fin – Pensé
Nada más llegar, cruzamos una mirada de complicidad.
Sabíamos lo que nos esperaba a la hora del recreo. En el fondo...
era emocionante.
Las horas pasaban lentamente. Muy lentamente. A la
segunda hora de la mañana lo último que me apetecía era escuchar a
una profesora hablando sobre temas aburridos que no importaban
absolutamente a nadie, y por la cara de mi amigo, sabía que pensaba
lo mismo.
Por fin, la sirena sonó, liberándonos de aquella
insufrible espera. Era la hora del recreo.
Fuimos juntos hacia el resto de nuestros amigos como si
nada hubiera pasado, y por su puesto, ella estaba allí.
Nuestro reencuentro después de las vacaciones de
navidad fue algo muy... normal. Decepcionantemente normal, para todo
lo que había ocurrido en esas vacaciones.
Los días pasaban, y yo observaba cómo cambiaban las
cosas.
David y Blanca se hablaban más que antes, como yo solía
hacer con ella en el pasado trimestre.
Lo único que fallaba, o en este caso sobraba en esta
situación, era yo.
Estuve meditando sobre ello mucho tiempo, y al final,
decidí, por así decirlo, “quitarme del medio”.
Por nada del mundo quería que hubiese cualquier clase
de tensión entre David y yo, así que decidí que al no tener
ninguna posibilidad con Blanca, debía alejarme un poco de ella.
Estar algo más frio. Tratarla como a una amiga más.
Ambos intentaron persuadirme, pero sabía que era lo
mejor, y que puede que incluso en el fondo, se alegrasen un poco.
En los recreos y cambios de clase se me desgarraba el
pecho al no poder hacerla reír, ni poder escuchar ese “hola” que
hacía que los días nublados, no pareciesen tan grises.
“When I was your man”. Esa era la única canción
que sonaba en mi móvil día y noche. Esa canción hacía que me
olvidase un poco de todo, mientras no paraba de pensar en ello.
“I hope he buys you flowers,
I hope he holds your hands
give all his hours
when he has the chance.”
Esas palabras resonaban en mi cabeza durante horas cada
vez que la escuchaba.
Una tarde, Blanca hablaba conmigo como solíamos hacer
siempre, aunque ya no de la misma manera. Pero esta vez, algo había
cambiado.
Aquello que me dijo esa tarde hizo que quisiera
abrazarla con todas mis fuerzas.
Verdaderamente, necesitaba apoyo, y, aunque pudiese
tensar mi relación con David, debía estar con ella. Tenía que
ayudarla en todo lo que pudiese. Era lo mínimo que debía hacer, así
que decidí apartar la idea de alejarme de ella.
En estas situaciones, son las que califican a una
persona como amigo, y no como alguien más.
Ahora tenía claro lo que debía hacer.
miércoles, 8 de enero de 2014
Noticias.
Se
suele decir que “Año nuevo, vida nueva”, yo he cambiado un poco
el dicho y saldría así:
“Año
nuevo, bloguero nuevo.”
Ahora
somos dos, pero el nombre del blog, la URL y demás va a seguir
siendo igual, es decir, que no cambia.
Otra
cosa qu quería deciros, en la encuesta ganaron historias cortas y textos de
sentimientos, que hayan ganado no quiere decir que me vaya a dedicar
solo a eso, ni tampoco que vaya a dejar de escribir lo demás.
A
continuación os dejo una avance de las próximas entradas en el
blog.
domingo, 5 de enero de 2014
Memorias de un mensaje. - CAPITULO 1
Nunca olvidaré aquel cumpleaños. Esa noche de verano en la que la conocí. No sabía que aquella chica fuese a ser tan importante para mí en tan sólo unos meses. Y tampoco podía haber imaginado que me iba a hacer tanto daño. Cada noche que la veía conectada, miraba si él también se encontraba en línea. Y siempre lo estaba.
No hacía mucho tiempo que se llevaban tan bien.
Normalmente, ella sólo hablaba conmigo, y una estúpida noche, lo
estropee.
Mi mejor amigo y Blanca, ¿Por qué no? Me dije. Llevaba
hablando con ella mucho más tiempo que él, así que hice que
empezasen a enviarse mensajes. No me imaginaba que se pudieran llegar
a apreciar tanto en tan poco tiempo.
Fue todo muy rápido.
Cuando David me dijo que le gustaba, yo no sabía qué
decirle. ¿Debía declarar mi amor? ¿Decirle que a mí también me
gustaba? Así lo hice.
Él es era mejor amigo que había tenido nunca, y eso que le
conocía desde que empezamos el instituto hacía tres años. Con una
simple mirada, nos bastaba para entendernos. Éramos tan parecidos... Así
que, para no hacernos daño el uno al otro, decidimos hacer un pacto.
Una promesa.
Una promesa.
Ambos decidimos que ninguno podría salir del punto de
amistad en el que nos encontrábamos con Blanca.
Pero se complicó.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora?¿Cómo debía
sentirme? Eso era lo único que pasaba por mi cabeza en el momento en
el que Blanca me confesó que David le gustaba.
Destrozado, le dije en un chat:
- ¡Vaya! ¿En serio? Pues pídele salir, jajaja
- Si, pero no sé si le gustaré...
- Yo tampoco. Pregúntale a ver :) - mentí.
- Jajajaja si hombre.
Ahí terminó nuestra conversación. Estaba muerto por
dentro. ¿Le digo a David lo que sabía? ¿Rompería nuestro trato?
Sinceramente no me lo imagino dándome una puñalada trapera. Es
demasiado bueno.
¿O no?...
Me decidí, y le conté lo que sabía. Estuve meditando
sobre ello mucho tiempo, y decidí romper nuestra promesa. Le dije
que le daba mi consentimiento para que saliera de la amistad con ella
y llegase algo más lejos.
De todas formas, yo ya no podía hacer nada. Lo veía
venir, para ser sincero. David siempre había tenido un “algo”
que le hacía ser... especial.
Le conté todo lo que Blanca me dijo. Le expliqué
también mi opinión al respecto y que no me importaba que saliese
con ella (aunque en realidad me mataba por dentro).
Yo me esperaba su respuesta. Me dijo que nunca rompería
nuestro pacto, porque sabía que me dolería. Eso sí que era un
amigo. Lo cual me hizo preguntarme:
¿Estaba yo siendo un buen amigo impidiendo esa
relación?¿Estaba yo portándome a la altura de la situación?
Océanos de dudas se agolpaban en mi mente mientras el tiempo seguía haciendo que Blanca y David se gustaran más, y obligándome a tragarme mi dolor y a responder a todo con una falsa sonrisa dibujada en mi rostro.
Océanos de dudas se agolpaban en mi mente mientras el tiempo seguía haciendo que Blanca y David se gustaran más, y obligándome a tragarme mi dolor y a responder a todo con una falsa sonrisa dibujada en mi rostro.
¿Era rabia lo que tenía dentro de mí? ¿Ira? ¿Celos,
quizás? Puede que un poco de todo. Para ser sincero, no tenía claro
ni lo que de verdad deseaba. Si hacía que dejasen de gustarse, sería
un pésimo amigo, pero si seguía dándole libertad para hacer lo que
él quisiese, tendría que seguir tragándome mi dolor. Era una decisión
difícil, y una situación en la que probablemente, se demuestraría
hasta qué punto llegaba una amistad, y hasta dónde alcanzaba un
romance.
Continuará...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






