Hola, como ahora mismo tengo varias historias abiertas, quería preguntaros algo:
sábado, 4 de enero de 2014
Alice. - Capitulo 5
Well
Hola
a todos, aquí os dejo el quinto capítulo de Alice, la adaptación
que estoy escribiendo de Alica en el País de las Maravillas, de
Lewis Carrol. Dándole click podéis leer los capítulos anteriores:
Para
la lectura de este capítulo os recomiendo Athousand years, en la versión de Saxtribution., si no tenéis Spotify este es el link de la canción en Youtube.
Capitulo 5
El consejo de una Oruga
Llevo
unos minutos con Will en mis brazos. Antes estaba pálido, ahora está
recuperando su color de piel.
-En
cuanto te recuperes saldremos de aquí.- le digo más calmada. Las
lágrimas se me han ido al ver que se está curando de lo que
tuviese.- La liana sigue atada, tenemos una salida.- le digo después,
aunque dudo un poco que puedas oírme.
El
suelo comienza a temblar. Un terremoto, lo que nos faltaba. Agarro a
Will fuerte e intento moverlo hacia un lugar en el que no nos caigan
escombros, no demasiados. Antes de que pueda apartarnos a otro lugar
el temblor cesa. Al parecer hemos tenido suerte.
Miro
hacia las paredes del hoyo y no lo creo. Veo salir a un ratón blanco
corriendo. Al fin, un ratón pequeño, no como los pirratas. Detrás
de él sale una chica con rasgos de ratón y orejas, debe de haber
sufrido alguna clase de transmutación. La chica-ratón va vestida
con una túnica andrajosa de color marrón, debe de usarla de
camuflaje. Al lado sale otra chica, pero esta no tiene nada que ver
con los roedores en su aspecto. Va vestida de criada, debe de ser la
que limpie lo que haya al otro lado de la pared.
-Me
temo que no.- me dice la chica que va vestida de criada.
-¿Quiénes
sois?- les pregunto sin soltar a Will. La rabia me invade en cuestión
de segundos, casi morimos los dos por su culpa.- ¿Y por qué habéis
hecho esto? ¡No podéis decidir lo que hacer con la vida de los
demás!- les grito furiosa.
-Va
a haber que calmar a alguien.- dice la criada sacando un rodillo de
su espalda.
-Mary
Ann, no hay que ponerse así, solo es una chica enfadada.- le dice
con una sonrisa riéndose de mí.
-Cálmate
chica, no queríamos haceros daño a ti y a tu novio, no teníamos ni
idea de que erais vosotros y no el conejo.- me dice Mary Ann
guardando el rodillo.
-No
es mi novio.- le digo a la defensiva.
-Pues
a tu amigo, el caso era que pensábamos que era el conejo. Lizzard,
entra dentro y diles que no es él.- le dice Mary Ann a la
chica-ratón, aparenta unos diecisiete años.
-¿Por
qué queréis matar a un conejo?- le pregunto incrédula.
-No
es matarlo, es atraparlo.- se excusa Mary Ann. Yo le dedico otra mira
incrédula.- Necesitamos su poder para salvar a un amigo que está
atrapado en el castillo de la reina.- su voz es dulce y por su
aspecto parece bondadosa, debe de tener mi edad, diecinueve.
-Está
bien, pero deberíais pensar que la gente podría caer si hacéis un
agujero en medio de un camino. Podríais poner una señal o algo, el
conejo no lo verá.- le digo.
-El
conejo es más de lo que aparenta, puede leer y escribir, e incluso
tiene un coeficiente más alto que la mayoría de nosotros, lo que le
permite crear portales a otros mundos, algo imposible sin un alto
nivel de magia y conocimientos avanzados.- me explica, parece tener
mucho conocimiento sobre el tema.
-Oh,
no lo había pensado, aquí todos sois así de raros.- le digo
excusándome por no saber esa información que aquí parece ser de lo
más importante.
-¿No
eres de aquí?- me pregunta.
-No,
soy de otro mundo que probablemente no conozcas.- le digo un poco
cortante.
-¿Pero
a quién tenemos aquí?- dice el ratón que había entrado primero.
-Oh,
también olvidaba que los ratones hablan.- le digo sin mucho
entusiasmo.
-¡Lirona!-
me corrige la pequeña roedora blanca, me fijo más en ella y veo que
lleva un pequeño vestido rojo rosado.
-Está
bien, lirona.- le digo como si le hablase a una niña pequeña.
-¡La
Sota de Corazones! ¡La Sota de Corazones!- se pone a gritar mientras
salta.- Sería imposible contar al número de personas a los que ha
robado.- dice de manera burlona.- Y más imposible aún a las
personas a las que ha traicionado.
-¿La
Sota de Corazones es tu novio?- me pregunta Mary Ann. No aguanto la
situación.
-¡No!-
le grito.- Es tan solo un amigo, es más lo conozco desde hace tres
días.- le digo molesta.
-Pues
se ha creado un vínculo bastante fuerte entre vosotros dos, yo que
tú me alejaría de él.- me dice Mary Ann. ¿Alejarme?¿Pero que
diablos se cree que es para decirme o no con quién puedo estar?
-Primero,
es un vínculo de amistad, y segundo, estaré con quien me venga en
gana.- le digo enfadada.
-Tranquila,
no hace falta que te pongas a la defensiva.- me dice levantando las
manos.
-¿Como
quieres que no me ponga a la defensiva si casi me mato por vuestra
culpa?- le grito furiosa. No me puedo creer que me haya dicho eso.
-Pues
vamos bien.- dice de manera sarcástica pero sin mostrar entusiasmo
alguno.
No
le respondo, y pasamos unos minutos calladas las dos, hasta que se me
pasa la rabia.
-Ya.-
le digo, y al momento me siento estúpida.
-¿Quieres
entrar?- me pregunta.
-¿Y
dejarlo aquí?- le digo. Me he vuelto a poner a la defensiva, pero
esta vez ha sido sin quererlo.
-Podemos
meterlo dentro, estará a salvo.- me dice con una sonrisa cogiéndolo
de los pies.
-Está
bien.- le digo yo con otra sonrisa. Lo cojo de los brazos y paso a
través de la pared de tierra, parece como gelatina líquida que no
llega mojarte, es una sensación escalofriante pero mágica.
-¿Y
por qué queríais atrapar al conejo?- le pregunto mientras caminamos
por el pasillo.
-Nuestro
amigo está en el castillo de la reina.- me dice.- Contra su
voluntad.- añade para aclararlo.
-¿Qué
le pasó?- le pregunto, aunque tal vez no debería hacerlo.
-Él
podía viajar entre mundos y la reina le encargó que le trajese a
alguien de otro mundo, él aceptó, pero al volver del otro mundo
volvió solo y, bueno, allí está.- me explica triste.
-Vaya,
lo siento.- le digo por educación.
-Mary
Ann, deja a la chica y ven a ayudarme.- le grita Lizzard a Mary Ann
al verla conmigo.
-Está
bien.- le grita Mary Ann.- Espera aquí.- me dice después.
-Yo
también puedo ayudar.- le digo yendo hacia Lizzard.
-No
lo creo.- me dice Lizzard haciendo una mueca. No me quiere aquí.
-¿De
qué se trata?- le pregunta Mary Ann.
-Él.-
le dice Lizzard. La intriga me vuelve a invadir, ¿quién será “Él”?
-Alice,
espera aquí.- me dice Mary Ann.
-O
mejor, vete por donde has venido, no haces más que estorbar.- me
dice Lizzard de mala gana. No le contesto ni hago el menor movimiento
de enfado, tiene razón, yo no debería estar aquí, soy un estorbo.
-¡Lizzard!-
le regaña Mary Ann.
-He
dicho la verdad.-le dice mientras se alejan de mí.
Paso
unos minutos quieta en donde me han dejado, pero al cabo de un rato
empiezo caminar por el pasillo por el que se han ido. Las encuentro
cerca de una puerta de la que sale humo de colores, pero permanezco
escondida detrás de la pared.
-¿Qué
hay ahí dentro?- les digo saliendo de mi escondite unos minutos
después.
-Alice.-
dice Mary Ann sorprendida.
-Alice.-
dice Lizzard haciendo una mueca.- Vete de aquí. ¡Ahora!
-No.-
susurro antes de tirarme hacia la puerta. Intento abrirla pero para
mi sorpresa mis manos atraviesan el picaporte, y algo tira de ellas
hacia adentro haciéndome atravesar la gelatina líquida de ella.
-¡Alice,
no!- oigo gritar a Mary Ann antes de desaparecer de allí.
Al
otro lado de la gelatina encuentro un bosque tropical en versión
gigante con humo de colores por todos lados. Comienzo a toser por el
humo, me cuesta respirar.
Oigo
tosidos cerca de mí y me guío a través de ellos por el enorme
bosque.
-¿Hola?-
pregunto al aire. Me siento estúpida, pero si alguien tose será
porque está aquí. Si el humo se disipase sería más facil.
Continuo
caminando sin rumbo por el bosque, cada vez veo menos las siluetas de
los árboles.
En
uno de mis pasos mi pie se tropieza con una rama y me hace caer por
un precipicio de tierra. Cuando cesa la caída, oigo tosidos a mi
lado. Me levanto rápido y me giro.
Delante
de mí hay una seta con una oruga de color azul enorme fumando
cachimba.
-¿Qué?-
pregunto incrédula nada más verlo.
-No
he dicho nada, Alice.- me responde la Oruga con voz quejumbrosa antes
de echarme humo con forma de letras.
Comienzo
a toser a causa del humo.
-¿Cómo
sabes mi nombre?- le pregunto entre tosidos. Después de todo lo que
he vivido aquí debería parecerme normal, pero no es así.
-Lo
sé todo. Nunca debes de cuestionar a alguien que lo sabe todo,
porque frente a esa persona, tú no sabrás nada. El conejo te guiará
de vuelta a tu hogar, pero todo lo que sube, tiene que bajar.- me
dice antes de echarme humo en la cara. Entonces me doy cuenta, él es
el sabio del que me habló Will, él es la Oruga Azul.
-Tú,
tienes que explicarme una historia, ¿qué pasó en la isla a la que
fueron los ratones?- le pregunto ansiosa.
-Un
ratón murió, y, su hermano, resentido, se hizo pirata y culpó a
todos los demás.- me explica sin mucho interés.
-¿Eso
es todo? ¿Ese es el gran misterio?- le pregunto alterada.
-No,
pero no le confieso información privilegiada a desconocidos.- me
dice sin prestarme atención.
-Tengo
otra pregunta, lo sabes todo, ¿verdad?- le digo.
-Sí,
escúpela.- me dice molesto.
-¿Por
qué la Sota de Corazones quería verte?- le pregunto poniéndome
recta.
La
Oruga suelta la cachimba, que se cae. Empieza a cambiar de color
volviéndose añil, y más tarde morada. Sigue cambiando hasta
adquirir un color rojizo, lo cual me asusta.
-¿La
Sota de Corazones está aquí?- me grita echándome su rabia con el
humo. -¡Niña insolente! -me grita esta vez pegándome un latigazo
con su cola.
Caigo
al suelo resentida busco una salida, el hecho de que haya dejado de
fumar me facilita la visión del bosque, pero por desgracia no veo
ninguna salida, y la Oruga es unas cuatro veces yo.
La
Oruga me mira con sus ojos echando fuego e ira, va a devorarme.
Chillo todo lo alto que puedo para que alguien me ayude.
La
Oruga se acerca a mí rebosando de rabia. Antes de que pueda
devorarme la Oruga comienza echar humo, pero esta vez no es por su
boca, y no es de colores precisamente. Un humo negro lo envuelve
haciéndolo explotar.
Comienzo
a correr sin mirar atrás. Cuando llego hasta el precipicio por el
que he caído comienzo a escalarlo a toda prisa. Aunque en la mayoría
de intentos me resbale consigo llegar a la cima y seguir huyendo.
Sigo mis huellas hasta que llego al portal.
-¡Alice!-
me grita una voz grave y aguda al mismo tiempo justo antes de que
entre en el portal.
Diviso
a una mariposa roja ernfurecida volando hacia a mí. Me quedo
paralizada de terror hasta que me coge con sus patas para apartarme
de la puerta de gelatina.
-¡NO!-
chillo.
La
mariposa se gira hacia mí con una sonrisa malévola. Veo un rodillo
salir del portal y pegándole en la cabeza. La Mariposa se desmalla y
vuelve a tener su color azul.
-Mary
Ann.- digo con una sonrisa antes de meterme en el portal de vuelta.
Al
otro lado del portal me encuentro con una Lizzard enfadada y una Mary
Ann preocupada.
-Lo
siento, siento haberme metido ahí dentro.- les digo señalando el
portal.
El
gesto de Lizzard se vuelve aún más horripilante, lo que me hace
asustarme.
-¡Pero
cómo has podido meterte ahí! ¿Es que no piensas? Si llega a salir
la Oruga en tu lugar te habrías quedado encerrada ahí dentro.- me
regaña, lo cual me hace pensar que le importo, pero me hace sentir
inferior.
-Ya
he dicho que lo siento.- murmuro mirando hacia abajo, no quiero ver
su rostro.
Lizzard
comienza a regañarme otra vez, pero Mary Ann la para.
-Lizzard,
te estás pasando.- le dice seria.- Es de otro mundo y no sabía lo
que había ahí dentro ni lo que podía ocurrir.
-¿Y
entonces para qué se mete?- replica Lizzarrd.
-Curiosidad,
lo que hizo que casi te decapitaran una vez.- la calla Mary Ann. Una
sonrisa se dibuja en mi interior pero hago un esfuerzo para que no
salga hacia fuera.
-¿Vamos
a por la Sota?- les pregunto cambiando de tema.
-Está
bien, vamos.- dice Mary Ann.
Las
sigo por los pasillo de piedra de vuelta la salida, si ellas no
estuvieran aquí me habría perdido, hay miles y miles de pasadizos
en este lugar.
Nos
encontramos a la Sota despierto, reflexionando sobre lo que ha
ocurrido.
-¡Alice!-
me dice corriendo para abrazarme. Yo recibo el abrazo, pero me
sonrojo un poco, Mary Ann y Lizzard van a pensar algo. Cuando el
abrazo termina me giro hacia ellas, sé como recompensarlas por
salvarme.
-Tengo
una idea, os ayudaremos a recatar a vuestro amigo del palacio de la
Reina.- les digo una sonrisa.
-¿Qué?-
exclama Will incrédulo.
-Oh,
vamos.- se queja Lizzard.
-Hecho.-
me dice Mary Ann con una sonrisa. A continuación me da la mano.
La
lirona llega corriendo con entusiasmo hasta nosotros.
-¡Vámonos!-
exclama.
Sonrío
y empiezo a subir por las escaleras. Mientras, los demás me siguen.
En lo alto hay una puerta, la abro y me encuentro con el agujero,
pero ahora estoy al otro lado del camino, y la seta donde enganché
la liana, es en realidad un camuflaje para las escaleras.
-Vaya.-
suspiro al respirar el aire del bosque. Observo una paloma volando
hacia el cielo y me pregunto como volveré a casa, no he visto al
conejo por aquí en ningún momento.
jueves, 2 de enero de 2014
Cambio de Apariencia
HOLA
Bueno,
en primer lugar, feliz 2014 a todos, espero que tengáis suerte este
año y que sea mejor que el 2013. También quería deciros que
aunque las cosas vayan mal, mantened la esperanza, es lo mejor que
tenemos
En
segundo, quería deciros que voy a cambiar un poco el blog, a partir
de ahora, en cada entrada habrá una introducción en la que
explicaré de que trata lo escrito, capítulos anteriores, por qué
lo he escrito, o cualquier cosa que crea conveniente escribir.
También
os voy a recomendar música para escuchar con cada entrada, a veces
pienso que la escritura y la música están unidas, yo uso bastante
la música para escribir, y algunas canciones se recuerdan gracias a
las letras.
A
las introducciones que os acabo de explicar las voy a llamar wells,
well en singular. La
palabra no tiene ningún significado en especial, en inglés
significa bien pero no es por eso por lo que he decidido llamar a las
introducciones así, simplemente se me ha ocurrido.
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No
me enrollo más, gracias por leerme.
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miércoles, 11 de diciembre de 2013
Alice. - Capitulo 4
Capitulo
4
La habitación del conejo blanco
Me
despierto incómoda y con la espalda dolorida. Abro los ojos y me doy
cuenta de que sigo aquí, Wonderland, Submundo o como quiera que se
llame. Hace Sol, demasiado como para que pueda mirar a mi alrededor
sin entrecerrar los ojos.
Me
levanto y busco a Sota con la mirada, está tumbado entre las
piedras, como yo lo estaba hace tan solo unos segundos. Me acerco a
él y le toco con el pie para despertarlo.
-Hey.-
dice al verme despierta. Tiene los ojos entrecerrados y el pelo
aplastado, lo cuál me hace pensar qué aspecto debo de tener yo.
Le
dedico una sonrisa de tranquilidad, no ha pasado nada malo esta
noche. La verdad es que no sé cuanto tiempo he estado dormida ni qué
hora pero no me importa mucho.
Él
me sonríe también y se levanta en un solo movimiento. Una vez de
pie se tambalea un poco y se gira hacia mí.
-Estás
horrible.- me dice. No puedo evitar soltar una carcajada, el
cansancio debe de haberle afectado un poco.
-Tú
tampoco tienes muy buen aspecto.- le digo con un sonrisa burlona.
-No,
en serio, ¿te han tirado piedras?- me dice después. Me preocupo un
poco y me palpo la cara. Debo de haber estado mucho rato enterrada en
las piedras de la orilla del lago, puedo sentir las marcas con solo
tocarlas.
-¿Qué
teníamos que hacer?- le pregunto cambiando de tema.
-No
sé tú pero yo voy a bañarme.- me dice sin dejar de mostrarse
cansado. Lo cual me pone de los nervios, cada vez dice cosas más
incoherentes.- Adiós.
Comienza
a caminar y se adentra en el bosque, al principio me quedo parada y
suspiro, pero después me obligo a correr hacia él.
La
vegetación del bosque es increíblemente exuberante, y además es
enorme. Me muevo rápido pero sin dejar de mirar cada árbol, cada
hoja, cada rama.
Por
desgracia mi admiración es interrumpida cuando me doy cuenta de que
hemos encogido y que, por lo tanto, la vegetación de este lugar es
tan común como la de la Tierra, lo único que cambia es que la veo
desde otro punto de vista, como si fuera un insecto.
-¿Y
a dónde se supone que íbamos?- le pregunto tras unos segundos al
volver en mí.
-A
ver a la Oruga, no queda mucho.- me responde sin pararse ni un
momento. Anda con prisa y sin pausa, lo cuál me hace difícil
seguirle el paso de cerca.
Estoy
tan solo tres metros de él, al fin cerca. Miro hacia adelante y
pienso en correr pero de repente lo veo hundirse en el suelo.
Corro
hacia el agujero en el que ha caído y miro a través de él, parece
tener unos siete metros de profundidad.
-¿Sota?-
le grito asomando la cabeza por el agujero.
-¡Alice!
No sabes lo que hay aquí dentro. ¡Huye!- me grita él desde abajo.
¿Huir? ¿Tan malo debe de ser lo que hay ahí abajo? Debe de ser una
trampa para atrapar a alguien, pero en tierra, ¿quién nos buscaría?
Además, si quisieran cogernos lo habrían podido hacer mientras
dormíamos. No me voy a ir, no lo voy a abandonar en ese agujero.
-¡No,
no sin ti!- le grito lo suficientemente algo para que lo oigan por
los alrededores.
-Alice,
no sabes lo que hay aquí, ¡vete!- me vuelve a gritar.
-Tal
vez debería bajar para verlo.- le grito pensando en alguna forma de
bajar.
-¡No!
Esto es una prisión, no soy quien crees Alice, huye, lo único que
vas a conseguir quedándote aquí es lastimarte.- me grita esta vez
preocupado. ¿qué clase de tortura tiene que estar viviendo ahí
abajo?
-Voy
por ti.- le grito decidida. Miro hacia mi alrededor, no hay manera de
seguir hacia delante, el que haya cavado el agujero debe de haber
pasado mucho tiempo planeándolo. Al otro lado del camino hay una
seta enorme, lo cual me da una idea. Me alejo del agujero y busco una
cuerda entre los árboles, cualquier cosa que me sirva para poder
subir o bajar. Veo una liana en un árbol, pero no sé si será lo
suficientemente larga como para bajar. Comienzo a tirar de ella con
todas mis fuerzas hasta que la consigo arrancar. Lo suficiente larga.
Sonrío y vuelvo al lugar del agujero. Hato la liana dejando un
espacio para que entre por la seta y la tiro hasta ella. La anudo.
Me
agarro lo más fuerte que puedo a la liana y salto hasta la pared.
-¿Alice
eres tú?- pregunta Sota desde el fondo.
-Tranquilo,
ya bajo.- le digo concentrada posando mis pies en las piedras para no
caer en picado.
-¡Alice
no!- me grita una vez más. No va a conseguir frenarme.
Continúo
bajando hasta que llego al fondo del hoyo y poso mis pies en suelo.
Miro a Sota sentado en la tierra húmeda mirándome decepcionado.
-Ya
estoy aquí, ¿tan malo era?- le pregunto mirando su cara de agonía.
Me
acerco a él con seguridad. Cuando estoy a un metro de él salgo
volando y choco con una de las paredes. Un dolor punzante recorre mi
espalda.
-¡Alice!-
me grita.- ¡Aparta!
Miro
hacia arriba y veo un montón de tierra y rocas cayendo hacia mí.
Doy un giro me arrastro tumbada como puedo para escapar.
Las
rocas comienzan a tocar el suelo con fuerza y una pilla uno mis
mechones de pelo. Intento apartarme pero no lo consigo. Podría estar
muerta en este mismo momento, estoy salvada por unos centímetros. Noto mi corazón palpitando en cada parte de mi cuerpo, mis manos, en mi cabeza, oyendo cada latido más fuerte al anterior.
-Gracias.-
le digo a Sota con un suspiro girándome hacia él.
-Sigues
horrible.- me dice con una sonrisa cansada. Le está pasando algo
como si estuviera enfermo. La sonrisa que se iba a formar en mi rostro
se convierte en una mueca de pánico y horror.
-¿Qué
te están haciendo?- le pregunto preocupada.
-He
robado demasiado y siempre he tenido suerte. Pero ahora ha llegado la
hora de que lo pague.- me dice cerrando los ojos.
-¡No!
¡Sota no!- le grito con desesperación. Me siento totalmente
impotente, lo tengo delante de mí muriendo y no puedo hacer nada
para salvarlo.
Hago
un último esfuerzo por liberar mi mechón de la piedra. Esta vez
funciona, corro hacia él todo lo que puedo con lágrimas en los
ojos, olvidando el campo invisible que lo mantiene atrapado
quitándole cada segundo una parte de su vida.
-Llámame
Will.- dice con sus últimas fuerzas.
Choco
con campo invisible y siento una especie de fuerza reteniéndome y
haciendo que me duela cada parte de mi cuerpo. Pero no lo consigue,
mis esperanzas tienen más fuerza y consiguen romperlo. Siento
chispazos y luz a mi alrededor pero sigo corriendo hacia Will. Lo
cojo con mis brazos y empiezo a llamarlo por su nombre derrochando
lágrimas sobre su ropa.
-¿Alice?-
me dice en voz baja.
-Tranquilo,
te vas a poner bien.- le digo en un sollozo intentando calmarme más
a mí que a él.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Alice. - Capitulo 3
Capitulo
3
Una carrera en comité y un cuento largo
Llevamos
un rato ya en la bodega sin hablar. Me está empezando a
escocer la mejilla por el arañazo, ojalá pudiera verlo, tiene pinta
de ser grande, demasiado grande.
Sota
me mira y ve mi cara de preocupación.
-Parece
que te han pegado tu primer zarpazo.- me dice con gracia para
levantarme el ánimo.
-¿Primer?-
le pregunto incrédula. Parece que vamos a estar a merced de las
ratas durante bastante tiempo. Parece mentira, unas ratas nos tienen
cautivos.
-Y
bien, ¿cómo salimos de aquí?- le pregunto a Sota, que está
apoyado en la pared como si estuviese en su casa.
-No
lo sé.- me dice tranquilo.
Apoyo
mis manos atadas en las tablas de madera del suelo y me levanto
tambaleándome.
Me
invade la angustia de que se hunda el barco y muramos ahogados en la
bodega. Sacudo mi cabeza y alejo esos pensamientos.
-Tengo
una idea.- le digo a Sota.
Él
me mira esperando a que se la cuente.
-Me
cuentas por qué estoy aquí y después pensamos algo.- le digo.
-No
estás preparada.- me repite una vez más aburrido.- Ya sabes lo que
pasó la última que intentas seguir sola.- me dice después con una
sonrisa.
Me
dejo caer en las tablas para pensar un poco.
-¿Por
qué nos raptan los pirratas?- le pregunto.
-Les
debo dinero.- me dice sin mucha emoción.
-¿Solo
por dinero? ¿Por eso nos raptan?- le pregunto exagerando. Creo que
me miente, y si estoy en lo correcto, voy a sacar la verdad a fuera.
-Le
debo dinero a mucha gente.- me dice después. Al fin sinceridad.
-¿Y...?-
le pregunto para que siga mientras me levanto otra vez.
-La
gente de aquí me quiere en la cárcel, es más, me quieren muerto.-
me explica. Es sincero, lo miro a los ojos, muestran pena, pero no
puedo evitar sentir rabia.
-¿¡Para
esto!?- le grito, me ha traído aquí para que muera con él. Estoy
más decidida que nunca a encontrar una salida.
-Mira,
como posiblemente muera dentro de poco, te diré mis intenciones.-
empieza a decir, pero de repente comienza a crujir la madera de la
bodega. Algo se acerca, y no tiene pinta de ser algo bueno.
Miro
a Sota en busca de alguna respuesta, él niega con la cabeza, pero no
sé lo que niega, ni lo que se acerca.
Se
oyen rugidos y retrocedo hasta tocar la pared del barco con las
manos. Los pasos se hacen más ruidosos y la madera empieza a crujir
más. La bodega está temblando.
La
pared que tenemos en frente explota partiéndose en mil pedazos. Me
veo forzada a cerrar los ojos puesto que se acercan trozos de madera.
Las tablas vuelan hasta mí clavándome astillas en la frente y
haciéndome moratones en las piernas.
Cuando
abro los ojos estoy sentada en el barco, con un montón de escombros
por encima.
-Dodo.-
suspiro aliviada sin saber por qué al verlo.
Miro
a Sota, también está aliviado.
-¿Dodo?-
ruge el dodo empezando a temblar. Se me revuelven las tripas del
miedo pero me quedo inmóvil. -¿Dodo?- ruge una segunda vez un poco
más alto acercándose a mí corriendo. -¡Dodo!- me grita por
tercera vez moviendo mi pelo hacia atrás con su aliento.
-Lo
siento.- le digo sin saber que decir.
El
dodo pega su pico a mi frente. Comienzo a temblar de miedo, después
de que se me caiga un lágrima aunque tenga los ojos cerrados, se
separa de mí.
-Siento
haberos asustado.- dice el dodo con voz pacífica. No me lo creo, me
esta hablando de manera pacífica, parecía una bestia hambrienta
pero me está hablando de manera pacífica.
-No
pasa nada.- le responde Sota con una sonrisa. Me quito los tablones
de encima y miro al dodo.
-¿A
dónde os dirigís?- me pregunta el dodo.
Yo
me encojo de hombros y miro a Sota en busca de una respuesta.
-Vamos
a ver a la Oruga.- le dice Sota al dodo.
-Os
dejaré escapar de aquí.- nos dice. Una sonrisa de felicidad se me
dibuja en la cara.
-Genial.-
exclamo con mi sonrisa. Al momento se me va, no ha terminado de
hablar. Me siento estupida.
-Pero
antes debo contaros un cuento.- nos dice. Un cuento, no estaría mal
un poco de relajación antes de volver a caminar o nadar.
-Te
escuchamos.- le digo tímidamente.
-Hubo
una vez un ratón, él era bueno y bondadoso,- no sé si el dodo se
habrá dado cuenta de que ha dicho dos veces el mismo adjetivo o
simplemente querrá resaltarlo.- todo un ratón de honor y confianza.
Su nombre era Promius.
Su
hermano, tenía un barco, es más, él era el capitán de su propio
barco y tenía toda una tripulación de ratones blancos, grises y
marrones, los cuales cumplían los tres requisitos de ser un buen
ratón, honestidad, fidelidad y valentía.
El
reino de los ratones andaba siempre son muchos problemas, entre ellos
las enfermedades. Así que el rey, que había oído hablar de una
cura en otro mundo, mandó a la tripulación de Colin, el hermano de
Promius, a buscarla. El dibujante de la corte les dibujó la planta
con mucho esmero, a pesar de no pertenecer a la familia de los
roedores y ser un ave, concretamente, un dodo.
La
tripulación de Colin tuvo un problema antes de zarpar, necesitaban a
otro tripulante, pues a uno le había afectado la enfermedad.
Colin
llamó a su hermano para que fuera con ellos, y así Promius, se hizo
otro tripulante del barco de Colin. La cura estaba en otro lugar, muy
lejano, lejos del Submundo, y lejos de la superficie, un mundo tal
vez demasiado lejano como para alcanzarlo con un barco de ratones.
Los ratones trataron con la Reina Dama, la gobernadora del Submundo
en aquellos tiempos, y ésta les ofreció un portal, pero con una
condición. Debían traerle a ella un tesoro de aquella tierra
fantástica de la que hablaban. La Reina Dama era una muy buena
reina, y por eso no pidió el tesoro para ella, sino para su madre ya
fallecida por la enfermedad que atacaba al Submundo, la reina tan
solo tenía trece años pero hacía todo lo que podía para que su
madre estuviese orgullosa, para gobernar como ella lo hubiese hecho.
Tras
dos semanas junto a la Reina Dama la tripulación de Colin cruzó el
portal, pero hubo un accidente, la reina dama también lo cruzó al
ser succionada por él, y una vez entró, no pudo salir. El reino se
quedó sin reina, y las guerras por la corona comenzaron. No se sabía
si regresaría o no, pero lo mejor que podía hacer es quedarse allá
donde estuviese, puesto que si regresaba la envidia de los demás
acabaría con su vida.
Al
llegar al nuevo mundo, los ratones encogieron a la Reina Dama para
que pudiese navegar con ellos, en busca de la puerta al otro mundo,
uno al que no se podría llegar con portales puesto que no sabían su
nombre. Navegaron por un río durante seis meses, preguntando a todo
el mundo si sabían algo del mundo o de la planta.
Una
semana antes de que la Reina Dama cumpliese catorce años, un Pato
les dio la solución, una niña o niño de menos de catorce años,
debería demostrar creía en algo en el castillo de la Reina Oscura.
Aunque
estaban cerca, el trayecto no sería fácil, y además iban con
prisa, solo tenían una semana.
La
noche de antes de que Dama cumpliese los catorce años, puesto que ya
no era una reina, por eso se llamaba Dama a secas, se infiltraron en
el castillo de la reina. Dama tenía una poción para aumentar su
tamaño, así que se la comió y recitó el siguiente hechizo sin
rima:
“Creo
creer en lo que debo creer,
necesito
la planta curativa,
para
ayudar a mi pueblo...
¡Yo
creo!”
Apenas
unos segundos después de que lo recitase en voz alta, la Reina
Oscura apareció. “¡Insolentes, ladrones!” comenzó a gritarles,
pero apareció una silueta oscura que rompió una ventana por la que
se veía la Luna Llena y la cogió. La Reina Oscura intentó
liberarse pataleando, pero no pudo, los ratones se agarraron a su
vestido, pero a Dama no le dio tiempo.
Los
ratones navegaron por primera vez por el aire, era algo nuevo para
ellos. Miraban todas las estrellas, las llamaban derecha e izquierda,
al haber solo dos nombres, miles de estrellas se llamaban igual.
Navegaron
hacia Derecha, que resultó ser el Sol del Amanecer, y poco después
de divisarlo, vieron la isla, la llamaron NuncaJamás, porque nunca
jamás se les ocurriría volver allí.
Tras
unos acontecimientos que pasaron allí, volvieron al Submundo, pero
ya no eran ratones de confianza y honor, eran ratas piratas sucias y
traidoras. Raptaron al dodo cumpándole de envenenamiento y lo
metieron en su barco, pero, ¿qué pasó, por qué fueron así? Dodo
quiere saberlo.
-Es
una gran historia.- le dice Sota alagándolo.
-Es
tu historia, ¿verdad?- le pregunto, creo que él es el dodo del que
habla y que los pirratas lo tienen preso.
-Sí.-
me dice el dodo triste.
-Está
bien.- le dice Sota- ¿Qué tiene que ver el cuento con nosotros?- le
pregunta después.
-La
Oruga es muy sabia y tiene oídos por todos lados, quiero que le
preguntéis que pasó en la isla y que le habléis de mí.- nos dice
el dodo un poco desesperado.
-Está
bien, lo haremos.- le dice Sota levántandose.
-Sí.-
le digo yo haciendo lo mismo.
-Ah,
sí. La salida.- nos dice al vernos dispuestos a irnos. No sé por
qué pero creo que no sabe como salir.
El
dodo retrocede un poco, y tan solo un instante después se tira la
pared derribándola de un picotazo. Las tablas caen al mar. Sota se
acerca corriendo y escapa del barco de un salto. Al parecer ya no
tiene las manos atadas.
Yo
le acerco mis manos al dodo para que corte la cuerda, una vez lo
hace, salto.
-No
lo entiendo, ¿porqué no sales tú del barco?- le pregunto al dodo.
El
dodo pone una pata fuera del barco, o al menos lo intenta, pero
parece que está encerrado por una cúpula invisible.
Lo
miro con cara de pena y el me devuelve la mirada, pero pronto se
convierte en una sonrisa.
-¡No
olvidéis hablarle de mí!- me grita con una sonrisa.
Yo
le sonrío y después comienzo a nadar.
Al
cabo de un rato nadando consigo ver la orilla, al fin. Miro a Sota,
él también esboza una sonrisa.
-¿Una
carrera?- me pregunta.
Antes
de que pueda responder veo aparecer de debajo del agua al menos diez
ratoncitos blancos. Ya he tenido bastantes aventuras con ratones,
empiezan a cansarme.
-SÍIÍ-
gritan los ratones respondiendo a la pregunta de Sota.
-¡Gato!-
grita uno, después todos empiezan a nadar hasta la orilla, Sota
también participa en la carrera así que me veo obligada a nadar yo
también.
Al
llegar empiezan a gritar de alegría, no sé de dónde sacan tanta
emoción. Miro por encima de nuestras cabezas y veo a un loro
repartiendo quesitos por el aire. Los ratones los cogen y se van
rodando.
-¿Y
ahora qué?- le pregunto a Sota.
-Ahora
me voy a tumbar y voy tomar el Sol.- me dice quitándose la ropa
mojada.
Le
miro incrédula.
-Las
ratas podrían volver.- le digo.
-No,
estamos lejos de ellas, relájate, olvídalas, y toma el Sol.- me
dice tumbado en el suelo relajado.
-Increíble.-
le digo sentándome yo también.
viernes, 8 de noviembre de 2013
martes, 5 de noviembre de 2013
Alice. - Capitulo 2
Capitulo
2
En un mar de lágrimas
Me
agarro fuerte a la taza tras traspasar la puerta y abro los ojos.
Delante de mi se expande un enorme lago llenándose cada vez más.
Pero mas allá del agua se extiende un valle, y un bosque, y
montañas, y se puede ver el Sol. He descendido unos seiscientos
metros, después he encogido, he navegado en una taza, tras navegar
por una habitación he atravesado una puerta y he encontrado un
bosque tras ella, nunca lo habría imaginado. Diría que no es real
si no sintiese el Sol sobre mí, y la brisa con olor a hierba en mi
pelo.
La
taza se tambalea un poco y me agarro más fuerte. Cuando vuelve estar
estable, me suelto del borde.
-¿Estás
mejor?- me pregunta Sota.
-Depende
de en que sentido, creo que me estoy volviendo loca. - le respondo.
Él se ríe, después me dice:
-Que
no te haya pasado antes no significa que no sea real.- me dice como
si se riera de mi.
-¿Porqué
me has traído? -le pregunto cambiando de tema.
-Aún
no puedo decírtelo, si te lo dijese, no me creerías.- me dice sin
prestarme atención. Sin embargo yo no puedo dejar de mirarle ni de
mirar al paisaje irreal que tengo delante.
-Al
menos dime porqué estoy aquí.- le digo un poco desesperada por la
intriga.
-Me
estás preguntando lo mismo solo que en forma de orden.- me responde
mandándome a callar.
Suelto
un suspiro y espero hasta que veo arena bajo la taza.
-O
me lo dices o me voy.- le digo subiéndome al borde de la taza.
-No
deberías, no conoces este mundo, y todo va a sorprenderte.
-Estoy
esperando la información.- le digo esperando que me diga algo.
-Te
lo digo por experiencia, no te tires.
-¿Nada?-
le pregunto esperando que me lo diga una vez más.
-Anda,
métete otra vez en la taza.- me dice. Se cree que no tengo ninguna
idea de lo que hago. Me voy a tirar.
-Adiós.-
le digo pegando un salto.
Para
mi sorpresa lo que parecía arena de playa no lo es. Me hundo al
posar los pies en el agua arenosa y saco la cabeza asqueada.
-Te
lo dije.- me dice mirándome desde la taza con ambiente sarcástico.
No
lo entiendo, parecía arena. Me invade la rabia y la frustración
pero me agarro a su mano y subo de nuevo a la taza. Estoy empapada y
sucia, además, ahora tengo frío.
-La
próxima vez me harás caso.- me dice con una sonrisa de
satisfacción.
No
le respondo. Me ha dado una lección. No quiero estar aquí, pero
cada vez me invade más la curiosidad.
Al
cabo de un rato empiezo a ver animales nadando desesperadamente por
salir de lago, o mar, o lo que sea en lo que estemos navegando.
-¿Qué
les ha pasado?- le pregunto preocupada a Sota.
Él
me mira y yo miro sus extraños ojos amarillos, entrecerra-dos pero
brillantes.
-Tú,
tú eres lo que les ha pasado.- me dice serio. Después comienza a
reír.
No
para de burlarse de mí, dejo de mirarle los ojos y vuelvo la vista
hacia el mar.
-Al
abrir la puerta has hecho que esto se inunde.- me explica.
-¿Y
por qué no me has dicho que no la abra?- le grito. Ahora me siento
culpable, yo no sabía lo que hacía.
-Porque
así llegaríamos antes.- me explica. Solo piensa en sí mismo, he
inundado un pueblo de animales y para llegar antes a un lugar, eso no
está bien. Pero lo peor es que me lo creo.
-¿A
dónde?- le pregunto. Cada vez tengo más curiosidad.
-A
ver a un sabio, allí.- me dice señalando un bosque con árboles
enormes.
-¿Por
qué tenemos que ver a un sabio?- le pregunto.
No
obtengo respuesta de esa pregunto porque de repente nos asalta un
ratón gigante que se mete dentro de la taza. Intento retroceder pero
no puedo, es nuestro fin.
El
ratón nos mira con ojos asesinos, parece que en su interior está
quemándose carbón. Saca una espada y chilla algo que no logro
entender. Aparecen más ratones con espadas y nos arrinconan en el
centro de la taza.
-Otrra
vezz tú.- dice un ratón.
-Ssota
de Corazzoness, creí que no ibas a volver máss.- le dice otro ratón
apuntándole con su espada.
Miro
a Sota y veo que no tiene armas, estoy perdiendo la esperanza.
-¿Y
quién es essta?- pregunta un ratón olisqueándome.- Huele aa...
¡ALMENDRA!- dice gritándome.
Todos
los ratones me miran hambrientos. Me meto las manos en los bolsillos
encuentro una bolsa de almendras.
-Os
daré la bolsa de almendras si os vais.- les grito.
-¡Callllá!-
me grita el capitán.- Danoss la bolssa y salid de la tazza.- me dice
después.
Miro
a Sota desesperada y él asiente. Dejo caer la bolsa en el centro de
la taza y me tiro al agua. Sota también se tira.
Los
ratones se tiran todos a la vez a por la bolsa y vuelcan la taza, me
giro hacia el bosque al que vamos comienzo a nadar con todas mis
fuerzas.
-¿Cómo
eran tan grandes los ratones?- le pregunto mientras nadamos.
-Ellos
no eran grandes, tú eras pequeña.- me responde gritando.
Tiene
sentido, ellos cabían por la puerta sin tener que beber nada. Sigo
nadando mientras reflexiono sobre lo que ha pasado.
Al
cabo de un rato Sota señala una roca. Nado hasta ella y me subo.
-No
podía más. -le digo mientras recupero el aliento.
-Te
comprendo.- me dice sentándose en el suelo.
-¿Por
qué te conocían esos ratones, qué les has hecho?- le pregunto más
calmada.
-No
eran ratones.- me dice.
-¿No,
y qué eran?- le pregunto sarcástica.
-Pirratas.-
me dice echándose a reír.
Yo
también empiezo a reírme, nunca lo había pensado, ratas piratas,
pirratas.
-¿Cuánto
nos queda para llegar?- le pregunto cuando veo la puesta de Sol.
-Bastante.
Será mejor descansar seguir mañana.
-Está
bien.- le digo antes de empezar a reírme otra vez.
-¿Qué
pasa?- me pregunta mirándose.
-Pirratas.-
le respondo sin parar de reír. Él también se ríe.
Me
despierto a media noche y siento luces anaranjadas antes de abrir los
ojos. Al abrirlos pego un chillido. Una rata me está olisqueando.
Los
pirratas han vuelto, pero esta vez la palabra no tiene gracia.
-¡Sota!-
chillo intentando quitarme las pezuñas de la rata de encima. Le
busco con la mirada, y lo encuentro agarrado por dos ratas y
llevándolo a un barco. No lo entiendo, les di las almendras.
-¿Quéé
hacemoss conn essta Coffy?- le pregunta la rata que me olisqueaba a
otra.
-¿Coffee?-
murmuro sin que nadie lo oiga.
-¡Capitanoo!-
grita la rata dando vueltas como loca. Tiene sentido, el café tiene
cafeína. Empiezo a reírme en solitario hasta que me pegan un
zarpazo en la mejilla.
-Calla.-
me bufa la rata que me ha pegado enseñándome los dientes. Me estoy
asustando de más, o tal vez solo era que no estoy acostumbrada a
esto.
-Dejadla
aquí. Por favor, no os ha hecho nada.- oigo decir a la voz de Sota.
Una
rata me coge de los pies y la otra de los brazos. Empiezo a chillar,
pero no sé si es por el dolor de la mejilla o por que quiero que me
suelten. Tal vez solo es que me ha dado por chillar.
Miro
a Sota mientras me llevan al barco. Va sonriendo. Me fijo en sus ojos
para ver si es una sonrisa real o no. Lo es, pero no entiendo la
razón.
Al
entrar en el barco me atan las manos y los pies, seguidamente me
tiran a un sótano. Al terminar mi caída miro a Sota. Se está
forcejeando entre las cuerdas pero no logra nada.
-¿Por
qué sonreías?- le pregunto sin dar rodeos.
-Es
más fácil escapar siendo dos que siendo uno.- me dice soltando una
carcajada.
-Arrogante.
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