lunes, 1 de julio de 2013

SEGUNDO CAPITULO


SEGUNDO CAPITULO

                   
     Hoy es la presentación de la academia, los de cursos mayores pondrán puestos en el edificio principal para enseñarnos los clubes, grupos y equipos que hay en la academia.
    Maddy me ha levantado esta mañana a las nueve, por suerte he dormido toda la noche y no me encuentro cansada.
    Cojo una toalla y ropa de mi maleta y me voy a ducharme. Cuando llego a los baños de la residencia o todavía no ha llegado nadie o no ya se han ido todos. Pero me da igual, me gusta estar sola y tener mi intimidad.
    Me quito la ropa y me meto en una ducha del fondo, el agua sale ardiendo, pero no me importa, me gusta así, e incluso más caliente. Me ducho rápido y, para cuando salgo, todavía no ha llegado nadie. Los espejos están empañados así que cojo la toalla para limpiarlos un poco y poder verme, después me enrollo la toalla para secarme y me visto.
    Me doy cuenta de que me faltan algunas cosas, un peine, un secador, maquillaje...
    Vuelvo a la habitación para cogerlos. Cuando llego me encuentro a Maddy con el pijama dormida en su cama. Me ha despertado ella, ¿qué hace dormida?
    Corro para despertarla, la sacudo un poco pero sigue durmiendo. Miro hacia la mesita de noche, hay un vaso de agua. Lo cojo sin dudarlo dos veces y se lo echo encima a Maddy.
    Ella abre los ojos rápido y levanta su cuerpo.
    -¿Pero qué has hecho Eveline?- me grita enfadada.
    -Estabas dormida y...-empiezo a decirle yo. Ahora me siento culpable. 
   Noto que se le ha enrojecido la cara.
    -¡Y lo más normal es que me tires un vaso de agua!- me grita otra vez.
   -Lo siento.- le digo inmediatamente.
   Maddy respira hondo y su piel va recuperando un color normal.
   -Está bien.- me dice levantándose de su cama. Noto que está tensa así que cojo las cosas que había venido a buscar y me vuelvo a los baños.
    Cuando llego ya hay más gente. Enchufo el secador y empiezo a secarme el pelo mientras me peino. Una vez seco se me queda un poco rizado así que cojo la plancha del pelo y me lo aliso un poco. Finalmente, me pongo maquillaje del color de mi piel en la cara para tapar los granos y me pinto un poco los ojos.
    Vuelvo a mi habitación, Maddy ya no está, habrá ido a ducharse. Pero hay alguien esperándome, Ben. ¿Qué hace aquí? ¿Como sabe cuál es mi residencia? Y peor aún, ¿Cómo sabe cuál es mi habitación? y... ¿cómo ha entrado?
    -¿Ben?- le digo dejando mis cosas en un cajón del armario.
    -Hola, me preguntaba si querías que fuésemos juntos a la bienvenida.
    Relájate, relájate, me digo a mi misma. Respiro hondo varias veces para relajarme.
    -¿He venido en un mal momento?- me pregunta.
    Pues sí, la verdad es que presentarse a las nueve y media en la habitación de alguien no es muy normal, sobretodo si lo conociste ayer.
    -No, es solo que me has pillado por sorpresa. ¿Puedes esperarme abajo?- le digo conteniendo mi enfado.
    -Vale.- me dice con una sonrisa. Después se va hacia a la puerta y me acaricia el pelo.
    ¿Pero quién se cree? Vuelvo a respirar hondo otras muchas veces, no sabría decir cuantas porque acabo perdiendo la cuenta. Reflexiono unos minutos y llego una conclusión completamente racional: le gusto.
    Ya estoy preparada así que cojo un poco de dinero de mi maleta y una mochila de cuerdas y bajo a la planta baja.
    Mientras estoy bajando las escaleras, veo un problema, él a mi o me gusta, o al menos por ahora. Es muy majo pero no nos veo juntos en un futuro, además, no se ha podido enamorar de mí nada más verme. Pero venir tan pronto a mi habitación y pedirme que vaya a verle en su prueba de rugby son razones para pensar que le importo, pero lo conocí ayer, y eso indica que le tengo que gustar bastante. Ahora me siento más feliz, es bonito gustarle a alguien. Me replico durante un rato porqué a mí no me gusta, debería gustarme, así al menos él sería feliz, y puede que yo también.
    Estoy sacando conclusiones muy precipitadas casi sin ninguna prue-ba, termino de bajar las escaleras y Ben está en el vestíbulo, de pie, esperándome, esperándome a mí.
    -¿Ya estás?- me pregunta con su sonrisa.
   Noto que la timidez me vuelve a invadirme una vez más. Intento luchar contra ella no puedo, es parte de mí. Noto mis mejillas enrojecerse.
    -Ya estoy.- le digo con una leve sonrisa.
    Agarro mi mochila por la parte de arriba y me dirijo hacia la puerta junto a Ben.
    Me siento aliviada pero también frustrada, no es normal que alguien que conoce a otra persona de un día actúe con ella como si fuesen pareja.
    Hago un gesto para que me suelte. Espero no haber sido muy brusca con él.
   Ben deja de acariciarme el pelo y aparta la mano de mi cabeza con delicadeza.
    Me trata muy bien, y eso me gusta.
    Caminamos durante un rato por el campus de la academia son decir nada el uno al otro.
    -¿Estas cansada?- me pregunta rompiendo el silencio.
    Niego con la cabeza.
    Ben me hace un gesto para que apoye mi cabeza en su hombro. No quiero hacerlo pero, sin embargo, lo hago. Estoy roja, lo sé. Noto mis mejillas arder. Cierro los ojos y respiro hondo. Me invade el olor de Ben, y eso me gusta. Sonrío sin querer hacerlo.
    Miro a Ben como lo haría un bebé al mirar su comida, con los ojos bien abiertos. Ben sonríe una vez más. Empieza a gustarme esa sonrisa.



   Cuando llegamos al edificio central vamos cogidos de la mano. No sé como ha pasado, pero noto mis mejillas ardiendo. Deben de estar muy rojas. Me he dejado llevar por Ben, esto no debería haber pasado. Intento soltarme pero no puedo, y no es por él, es por mí. Me gusta esta sensación, pero no Ben, ese es el problema. Después de muchos intentos por soltarle la mano lo consigo, pero apoyo la cabeza en su hombro y él me coge por la cintura. No podría estar más roja. La gente nos mira sin decir nada, y algunos esbozan un pequeña sonrisa. Ahora todos los que nos han visto creen que somos pareja.
    Ya harta de las miradas y las sonrisitas me separo de él y me voy ha-cia uno de los puestos. Ben me sigue.
    -¿Club de títeres?- me dice riendo.
    Ni siquiera he mirado de qué era el puesto, solo me quería separar de él.
    -Sí.- dice un chico serio con voz grave. Es alto, fuerte, y no parece muy feliz. - ¿Te pasa algo en la cara?- le pregunta a Ben al ver que está un poco sorprendido.
    No quiero tener que defenderlo pero es inevitable, no sirve de nada que me resista.
    -No, no le pasa nada.- le digo seria al chico de los títeres.
    Después cojo a Ben de la mano y me lo llevo. Tal vez sí que me guste.
    Busco con la mirada los puestos de deportes, pero no los encuentro. Miro de nuevo a Ben, seguimos cogidos de la mano.¿Qué me está pasan-do? Yo no soy así. ¿Tanto he podido cambiar en un día?
    -Gracias.- me dice Ben.- ¿Qué buscas?
    -Los puestos de deportes.- le respondo sin dejar de mirar hacia todos lados para poder ver entre la gente.
    -Pues vamos a buscarlos.- me dice. Noto que me agarra de la mano más fuerte y a tirar de mí.
    Empezamos a hacernos paso entre la gente, bueno, él se hace paso entre la gente y tira de mí.
    Después de pasar unos minutos angustiosos entre la gente los veo, los puestos de deportes.
    -Por allí.- le digo señalándolos.
    Ben tira de mi mano sin decir nada, y sigue hasta llegar a los puestos de deportes. Ahora todo está más relajado y hay menos gente. “Me encantaría echarme a dormir en sus brazos” pienso al verlo más relajado. ¿Pero qué? ¿Pero qué estoy pensando? No, no puede ser, ni siquiera me gusta. Para quitar esos pensamientos de mi cabeza me acerco más a los puestos de deportes.
    -Hola.- le digo a un chico que hay en el puesto de volleyball.
    -Hola.- me dice, parece majo.
    -¿Dónde me puedo apuntar?- le pregunto.
    El chico empieza a reírse. Me siento estúpida por haber preguntado.
    -Toma.- me dice dándome una hoja con nombres. La cojo.
    -¿Qué pasa?- le pregunto. Me vuelvo a sentir estúpida.
    -Nada, es que me pareces muy pequeña para jugar al volleyball.-me dice sin dejar de reír. ¿Soy tan pequeña? Sé que soy bajita pero no tanto como para no poder a jugar al volley. ¿O lo soy? Lo soy.
    Aún así apunto mi nombre, al menos tendré una oportunidad.
    -Ya está.- le digo devolviéndole el folio.
    -Eveline, ¿No prefieres ser animadora?- me pregunta riendo otra vez.
    -No.- le digo yéndome del puesto volley.
    Veo a Ben acercándose al puesto enfadado. Giro rápido mi dirección para detenerlo. Corro para que no llegue a hablar con el chico del puesto de volley. Choco con él. Me caigo hacia atrás pero él me coge del brazo y me abraza. Impotencia, rabia y frustración, eso es lo que siento ahora. Pero por mucho que lo sienta no puedo parar el abrazo. Quiero gritar, gritarle que me suelte, pero no puedo, me gusta esta sensación. Sacudo la cabeza un momento y ordeno mis pensamientos, me gusta esta sensación, pero no con él. Una vez me suelta voy pasando por los puestos. 
   Patinaje, rugby, atletismo, ¡atletismo! ¿Dónde estará Maddy? Me encantaría estar con ella ahora mismo para contarle lo que ha pasado. Suspiro. Siento que Ben me coge de la cintura por detrás. Me estremezco. Estoy harta de que se comporte así. Me suelto y me separo de él sin pensarlo. De repente me arrepiento, ¿me importa? Me importa. Añoro la sensación de estar junto a él. Me gusta, le quiero cerca de mí.
    Me vuelve a abrazar, y esta vez lo dejo. Ben empieza a mecerme entre sus brazos. Quiero acercarme más a él. Quiero... que me bese.
    -¿Eveline?- grita Maddy al verme en los brazos de Ben.
    Me llevo la mano a la boca y me separo de él rápido. Me acerco a Maddy y hago una mueca diciendo: no sabía qué hacer.
    -Os dejo solos.- me dice alejándose de mí.
    -Maddy espera, puedo explicártelo.- le digo suplicándole que se quede.
    -Te espero en la habitación, no tardes.- me dice con una sonrisa mientras se aleja.
    Me muerdo el labio inferior y vuelvo con Ben.
    -Oye, me tengo que ir.- le digo.
    -Te acompaño hasta la salida.- me dice cogiéndome de la mano.
    Me vuelvo a morder el labio. Acabo de volver a la realidad, pero sigo estando de acuerdo en una cosa con o sin llevarme llevar por Ben: me gusta, me importa, lo quiero, y que sea cerca de mí.
    Antes de irme le doy un abrazo y le planto un beso en la mejilla.
   Salgo corriendo hacia la residencia Greenwich, me espera una larga e incómoda pero necesaria charla con Maddy.



    Abro la puerta de la habitación lentamente. No quiero entrar, no quiero hablar de lo que ha pasado con Maddy. Miro antes de pasar, espe-rando que no esté, aunque sé que está esperándome. Está sentada en su cama, en frente de la puerta. Me mira relajada. Paso y cierro la puerta tras de mí.
    -Bien, explica.- me dice. Ni siquiera me ha dicho hola, aunque no la culpo.
    -No sé por donde empezar.- le digo sentándome junto a ella. Es ver-dad, no sé por donde hacerlo.
    -Pensaba que no eras de esas chicas, tu timidez, tu incomodidad, ¿todo ha sido un engaño?- me pregunta seria, más seria de lo que me gus-taría.
   -¿Cómo... cómo sabes que estaba incómoda cuando cenábamos?- le pregunto sorprendida. No sé mentir, ni disimular tampoco.
    -Se notaba mucho, ¿no fingías?
    -¡No! Jamás fingiría estar incómoda al conocer a alguien, además, in-tentaba que no pareciese que estaba incómoda.- le explico tensa.
    -Pues Ben lo notó, y se ha aprovechado de ello.- me dice Maddy aún seria.
    -¿Cómo? ¿Comportándose como un buen chico y viendo aquí tem-prano?- le pregunto gritando.
    -No, pero también.- hace una pausa, está reflexionando.- Ben sabía que no te ibas a negar a ir con él, porque estabas incómoda y no querías es-tarlo.- me explica.
    Estoy molesta, muy molesta, pensaba que Ben me quería.
    -Pues es listo, ¿pasa algo?- le digo más molesta todavía.
    -No, tú puedes hacer lo que quieras, pero no pensaba que fueses de esas chicas que...- se queda callada.
    -¿Que qué?- le grito. Noto que tengo las mejillas calientes, segura-mente estoy roja.
    -¡Que se lían con el primero que ven!- me grita ella. También está roja y tensa.
    -Primero, no nos estábamos liando.
    -¿Y entonces que hacíais abrazados?- me interrumpe.
    -¡Ha sido él el que me ha abrazado!- le vuelvo a gritar. Espero que no haya nadie en la residencia.
    -Y tú la que le has dejado que lo haga.- me dice más calmada, pero resentida.
    -¿Ahora soy yo la que tiene la culpa de que me abrace?- sigo moles-ta.
    -No, tú tienes la culpa de que no te suelte.
    -No he tenido valor para soltarme...- le digo. Voy a añadir que me gusta esa sensación pero me arrepiento y no lo hago, prefiero guardármelo para mí.
    -¿Sientes algo...- hace una pausa.- por él?- me pregunta sorprendida.
    -Creo que sí, yo no soy de esas que se tiran a por el primero que ven, pero no estoy segura, la primera vez que lo vi...- recuerdo su mirada verde mirando todo mi cuerpo, como si estuviese desnuda, pero no puedo decír-selo a Maddy, pensaría que estoy con él porque realmente me da miedo y eso no es verdad.
    -¿Qué? ¿sentiste un chispazo?- me dice ilusionada, parece que ya se le ha pasado el enfado.
    -No.- suspiro.
    -¿Tuviste la respiración entrecortada?
    -No.
    -¿Latidos en el corazón a gran velocidad?
    -No.
    -¿Mariposas en el estómago?
    -¿Podrías parar?- le digo un poco molesta. Después suspiro.
    -Perdona, ¿Qué sentiste?- me dice más relajada, pero con una gran sonrisa.
    -No te lo puedo decir.- le digo cabizbaja.
    -¿Por qué? ¿Es malo? ¿Muy salido?- empieza a preguntar de nuevo; me quedo callada.
    -Perdona.- me dice otra vez.- Es que soy muy curiosa.
    -Lo he notado.- le digo con una falsa sonrisa.
    Ella se ríe y después noos quedamos las dos calladas durante unos se-gundo, noto que     Maddy quiere volver a preguntar.
    -¿Entonces no me lo vas a decir?- me pregunta un rato después.
    -Miedo.- le digo seria, si fuera algo bueno no habría tenido problema en decírselo pero... era miedo.
    -¿Miedo?- se echa reír. No tendría que habérselo dicho.
    -No tendría que habértelo dicho.- le digo molesta.
    -No, no, que es normal que un chico te de miedo.- me dice. Vuelve a reírse.
    Me levanto de su cama y me voy de la habitación molesta.
    -¡Espera!- me dice Maddy antes de que cruce la puerta.
    -¿Qué?- le digo molesta.
    -Lo siento, es que- hace una pausa.- no te entiendo. ¿Ben te da mie-do?- se está aguantando la risa.
    -No, ya no.
    -¿Y por qué ayer sí?- me pregunta. Ya ha parado de reír.
    -Me miraba de una manera que... me intimidaba.- le digo vergonzosa.
    -Hmmmmmmmm. Y ahora te gusta. Interesante.- me dice pensativa.
    -¿Podemos parar de hablar de esto? Me siento incómoda.- le digo.
    -Sí, ¿te has apuntado a los deportes?- me pregunta Maddy. De repente se me quedan los ojos en blanco. Solo me he apuntado a volleyball y ahora ya habrán cerrado los puestos.         Me llevo las manos a la cabeza.
    -No.- digo ahogadamente.
    -¿A ninguno?- me pregunta Maddy sorprendida.
    -Sí, al volley. Entre que estaba con Ben y que has llegado tú se me ha olvidado. Mierda.- suspiro.
    -Espero que tengas suerte.- me dice con una sonrisa.
    -¿Soy muy pequeña para jugar al volley?- le pregunto a Maddy mi-rándome en un espejo.
    Maddy empieza a reírse a carcajadas. ¿Querrá decir eso que sí? ¿O que no?
    -No, no se trata de ser alta o baja, si no de la técnica.- me explica. Me siento aliviada, porque es verdad que soy un poco baja, pero también preocupada, no sé jugar al volley en serio.
    -Bueno tengo hambre, ¿vamos a comer?- me pregunta Maddy un rato después. Yo también tengo, no me había dado cuenta, pero no tengo muchas ganas de ir al comedor, porque habrá gente, y entre la gente estará Ben, y me volverá a tratar como si fuésemos pareja, y esa gente nos verá. No quiero que sepan que estamos juntos, que no lo estamos, pero puede que algún día sí y ese día me gustaría llevar con más intimidad nuestra relación.
    -No tengo muchas ganas de volver a ver a Ben.- le digo haciendo una mueca.
    -Pero si te gusta. Lo más normal es que quisieses verlo.- me dice.
    -Sí, pero lo más normal es que él no actuase como si estuviésemos juntos.- le replico.
    -Tal vez deberías decírselo.- me dice ella desafiante; no pienso hacer-lo, podría estropearlo todo.
    -No.- le digo cortante.- Vamos a comer.- le digo después yendo hacia la puerta.


    Unos minutos después ya estamos en la cafetería, junto a Ben y Aus-tin. No he dejado que Ben se me acerque mucho y me he sentado con la comida. Espero que no piense que no me gusta.
    -Eveline, ¿te pasa algo?- me pregunta Ben al ver que no le hablo. Ni siquiera le he saludado.
    -No, perdona, es que estoy un poco distraída.
    -Ah, vale, si quieres luego podemos hacer algo.- me sugiere. Quiero decirle que sí, pero hacer algo sería... acabaríamos como esta mañana. Si le digo que no, tendré que poner una excusa pero si le digo que sí acabaré a-brazada a él.
    -Pues, no sé si puedo, tengo que organizarme un poco.- le digo. Cojo mi móvil por debajo de la mesa y le envío un mensaje a Maddy, no es muy coherente porque la tengo al lado pero es la única forma de que Ben no se de cuenta.
    El mensaje dice: Quedo hoy con Ben?
    -Oye, ¿mañana vendrás a mi pruebe de rugby?- me pregunta ahora.
    -Supongo que sí, al final solo me he apuntado a volley así que tendré tiempo.- le digo con una pequeña sonrisa.
    Ben también sonríe, pero su sonrisa es más grande que la mía, aunque nuestras ilusiones sean iguales.
    Noto que me vibra algo en el bolsillo.- “¡El móvil!”- pienso rápido. Lo cojo y miro los mensajes. “Haz lo que quieras” Aprieto las manos con fuerza y sigo apretándome hasta clavarme las uñas en las palmas de las manos. Odio que me dé a mí la opción de elegir qué hacer. No es que no quiera abrazarlo, la verdad. Tal vez me estoy engañando a mí misma, si me gusta estar con él, ¿por qué no estarlo?
    -Eh, Ben, ¿nos vamos después de comer a dar un paseo?- le digo con una gran sonrisa en cara.
    Ben sonríe sorprendido, me gusta esa sonrisa.
    Cuando terminamos de comer lo cojo de la mano y me lo llevo antes de que pueda decir nada. Tengo la impresión de que Maddy me mira, y no de la manera que me gustaría que me mirase, pero ha sido ella la que me ha dicho que haga lo que quiera así que no debería importarle, ¿o sí de-bería hacerlo? Yo normalmente no haría esto pero... estoy aquí para cam-biar y ser mejor persona, aunque así no lo consigo.
    Sacudo la cabeza para eliminar estos pensamientos de mi cabeza y vuelvo a la realidad, no pienso liarme hoy con Ben.
    Creo que Ben me nota rara.
    -¿Qué te pasa?- me pregunta. No puedo explicárselo pero tampoco le quiero mentir.
    -Que... estoy confusa.- le digo sin pensar mucho en las consecuen-cias.
    -¿Confusa? ¿Confusa por qué?
    -Porque...- me quedo pensativa.- Porque no sé si somos pareja o amigos o conocidos o lo que seamos.- le digo sin pensar. Me arrepiento en menos de un segundo, quiero taparme la boca pero mi mano está entrelazada con la Ben.
    -¿Tú que crees que somos?- me pregunta con una sonrisa.
    -No lo sé.- le digo en un tono seco. Tal vez me haya alterado un poco.
    -Pues, ¿qué quieres que seamos?- me pregunta después.
    -¡No lo sé! ¿vale?- le grito soltando su mano y alejándome de él. He alzado la voz demasiado.
    -Pues yo quiero que seamos pareja, ahora te toca, piensa un poco.- me dice seguro. 
     Aunque supiese que le gustaba estoy perpleja.
    -Pregunta.- le digo muy nerviosa e insegura. El corazón me late demasiado rápido. Noto un calor angustioso, más calor, y más. Me tiemblan las piernas, los brazos, la cabeza, estoy temblando.
    -Está bien.- me dice. Se acerca a mí y sudo y tiemblo más, ahora los dientes también, no sé si voy a poder aguantar mucho más. Ben me coge de la manos.- Eveline Anderson, ¿quieres ser mi novia?- me dice en voz demasiado alta. Quiero mirar hacia los lados para ver si hay alguien que nos esté viendo o escuchando pero no puedo.
    Me tiembla la mandíbula antes de poder decir nada.
    -Sí.- ha sido la palabra más difícil de decir en mi vida, algo tan simple como un sí. 
     Antes de que pueda hacer o decir nada Ben me abraza. Sonrío y le abrazo yo más fuerte, me quedo un rato en sus brazos hasta que veo a Maddy salir del comedor y voy a saludarla.
    No puedo evitar esbozar una tonta sonrisa, me siento bien, muy bien, quiero andar a saltitos, cantar, bailar, correr y sonreír todo lo que pueda.
    -¿Y esa sonrisita?- me dice Maddy sonriendo también.
    -Pues... no sé.- le digo con una vocecita aguda sin dejar de sonreír.
    -Seguro.- me dice poco convencida.
    Me voy alejando de ella dando hasta llegar hasta Ben pequeños salti-tos. Ben me coge con sus brazos por sorpresa y me levanta hacia arriba, me empiezo a reír a carcajadas. 
    Cuando me baja me coge de las piernas y me lleva en sus brazos. Empiezo a patalear sin parar de reírme.
    Sigo riéndome hasta que ya no me sale más risa, mi risa se ha con-vertido en un suspiro cansado. Miro hacia mi alrededor y veo una extenso prado alrededor de nosotros, estamos solos.
    -¿Dónde estamos?- le pregunto rápido. Sigo en sus brazos.
    -En un descampado de la academia.- me dice tranquilo. Parece estar disfrutando de la brisa.
    -Y... ¿qué hacemos aquí?- me río sin saber porqué. Ben también se ríe acompañando mi estúpida risa.
    -Buscaba un lugar más íntimo.- me dice con la mirada perdida en el campo. ¿Un lugar más íntimo para qué? Tengo que preguntarle para sacar-me de dudas.
    -¿Para qué?- le digo con otra estúpida sonrisa.
    Ben me baja de sus brazos, no sé si es porque se le han cansado los brazos o porque quiere usarlos para otra cosa o algo. Me cuesta un poco a-daptarme al suelo y a cargar con mi peso así que me voy pasando el peso de una pierna a otra.
    -Para decirte que te quiero.- me dice Ben con cariño. Sonríe, y yo sonrío a su vez. Se acerca más a mí, va a besarme, no puedo dejar que lo haga, le he prometido a Maddy y a mí misma que no lo iba a besar. Me pongo nerviosa y empiezo a sudar. Me tiemblan las piernas. Si me alejo de él voy a quedar fatal, ¿qué hago? Se acerca más. Simulo un estornudo.
    Por la forma en que me mira Ben el estornudo no has sido muy creíble.
    -¿Qué pasa?- me pregunta un poco triste.
    -¿Qué pasa con qué?- le pregunto sonriendo aunque sé exactamente a lo que se refiere.
    -Oh, vamos, se ha notado bastante que eso no ha sido un estornudo real.
    -¿Qué quieres decir?- estoy quedando fatal.
    -¿No sientes lo mismo por mí?- me pregunta más triste que antes.
   -Claro que sí, es decir, que claro que te quiero.- intento explicarle sin meter aún más la pata.
    -¿Entonces? ¿No quieres que te bese?
    ¿Y ahora qué? No sé qué decirle para no decepcionarlo más todavía.
    -Es que, ¿no estamos yendo demasiado rápido?- le pregunto para qui-tarme el peso de encima y ponérselo a él.
    -Puede que sí, pero, mientras nos queramos el uno al otro, ¿que más da?- lo ha dicho con tanta soltura, como si no importase, me ha enfurecido.
    -Pues da que tal vez yo no quiera ir tan rápido, puede que tú sí pero yo no, me gusta tomarme las cosas con calma.- le digo enfadada.
    -Está bien, lo siento si te he hecho enfadar.- me dice intentando que lo perdone. 
    Después se acerca otra vez para besarme. ¿Qué se cree?
    Me enfado mucho más y lo aparto de mí con un empujón.
    -¿Qu...?
    -Está claro que no lo has entendido.- le digo seria. Después de decir esto me alejo de él andando rápido. Noto que me sigue. La verdad no sé hacia donde voy, no veo la salida de este descampado por ningún lado.
    Me coge del brazo, intento soltarme pero no puedo.
    -¡Suéltame!- le grito.
    -No!- me grita.- No hasta me dejes explicártelo.- me dice más tran-quilo. Me muerdo el labio.
    -Explica.- le digo de mala gana y con la cabeza gacha después. Ben me obliga a levantarme.
    -Perdona, pero es que me gustas mucho y... no puedo...- se acerca otra vez. Lo aparto rápido.
    -¡Ben! ¡Eh!- le grito para que vuelva a la realidad, ya no estoy tan enfadada.
    -Perdona.- se disculpa avergonzado.- No puedo.- me dice triste y enfadado consigo mismo.
    Tengo que hacer algo, quiero hacer algo. Tal vez si duramos mucho juntos a Maddy no le parezco de esa clase de chicas que se van con el primero que encuentran. Voy a hacer algo. Cuando levanto mi cabeza Ben ya no está, se está yendo. Corro detrás de él.
  -¡Ben!- le grito desde lejos. Él sigue avanzando sin hacerme caso, debe de estar avergonzado.
    Después de un rato al fin lo alcanzo, aunque estoy exhausta.
    -Ben, no pasa nada, te entiendo.- le digo entre suspiros, estoy apo-yada en él, tengo que hacer más ejercicio a menudo.
    -Está bien, gracias.- me dice sin ni siquiera mirarme. Esperaba que cuando se lo dijese me besase, pero no ha sido el caso.
    -¿Qué pasa?- le digo entrelazando mis dedos con los suyos.- ¿Sabes que puedes contar conmigo no?
    No me responde.
    -Yo, yo también lo siento, siento haberte gritado y haberme enfadado contigo por una tontería, al decirte que sí debería... haber pensado en esto.- me disculpo con dificultad.
    -No, es culpa mía...
    -¿Y si te digo que yo tampoco puedo?- le digo con una sonrisa.
    Ben se gira sorprendido, sonrío otra vez.
    Ya hemos salido del descampado y estamos por el campus cerca de mi residencia.
    -Bueno, pues...- me dice muy tímido.
    -Pues es tu turno.- le digo con una sonrisa.
    Ben asiente y me acaricia el pelo, de repente distingo una silueta femenina a lo lejos, Maddy. Respiro entrecortadamente. No puedo, no sé qué hacer. Tal vez no sea Maddy, liarse no es que te besen, no rompería mi promesa si dejo a Ben que me bese, aunque así, a veces, de tanta insis-tencia en una mentira acabas creyéndotela.
Ben me besa con ternura, en este momento no me importa la prome-sa, ni nada aparte de Ben. Llevo mis manos hasta él y le acaricio el pelo lentamente. Él baja sus manos hasta mi cintura. No sé si es esto lo que venía buscando, pero me vale para ser feliz.












jueves, 27 de junio de 2013

PRIMER CAPITULO

 
Primer CAPITULO


   Mi larga melena rubia se sacude con el viento formando enredos en mi pelo. Voy en la moto de mi hermano mayor. Él tiene el pelo castaño y corto, echado hacia a delante. Sus ojos son azules, como los de mi madre, y como los míos. Él tiene diecisiete años, tres más que yo. También es mucho más alto que yo pero no tan responsable como yo. Vamos de camino a la academia en que estudiaré los próximos años, él me dejará y después se irá de nuevo a casa, o a donde quiera que vaya.
    -¿Cuánto falta?- le pregunto gritando para hacerme oír por encima del viento.
    -Tres kilómetros.- me grita él con su normal tranquilidad.
    -¿Y eso es?
    -Unos cinco minutos, estate callada o te dejo en medio de la carretera y te vas andando.- me grita irritado. Parece que lo dice en serio, pero sé que no lo hará.
Permanezco callada durante unos minutos hasta que empiezo a divi-sar grandes edificios al fondo del paisaje.
    -¿Esa es la academia?- le pregunto gritando entusiasmada.
    -Sí, esa es la ATP.- me dice recordando su pasado en ella.
    -Bien.- me digo a mí misma.
    El viento tira de mí más fuerte. Me agarro con fuerza a mi hermano e intento disfrutar del viaje. A medida que vamos llegando a la academia el viento comienza perder fuerza pero tengo que seguir agarrada a mi herma-no mayor. Entramos en el campus de la academia, el suelo es de color beis, hay muchas zonas con césped y grandes jardines, una biblioteca enorme de color granate, los demás edificios parecen residencias de estudiantes.
No puedo evitar esbozar una gran sonrisa.
Mi hermano aparca la moto pero no se baja.
Yo sí me bajo y voy a coger maleta que está en la parte trasera de la moto. Lo intento y no puedo, no tengo suficiente fuerza para levantarla.
    -¿Quieres que te ayude?- me dice mi hermano bajándose de la moto.
    -No, puedo yo sola.- le miento mientras intento bajarla de nuevo.
Al ver que sigo sin poder bajarla él viene y se dispone a cogerla. Yo le hago un gesto diciendo que puedo yo pero eso no lo para y la baja él.
    -¿Para qué están los hermanos mayores a parte de para molestar?- me pregunta de forma sarcástica. A continuación abre los brazos para que le de un abrazo de despedida.
    Yo no respondo, pero le doy el abrazo.
    -Te voy a echar de menos pequeñaja.- me dice acariciándome el pelo como a un perro una vez nos hemos separado.
    -Yo... yo también Kevin.- digo sin poder creer que algún día diría eso.
    Se sube a la moto y alza la mano para decirme adiós una vez tiene puesto el casco.
Yo también alzo la mano aunque dudo que pueda verme. Una vez se ha ido y me he quedado sola en el patio de la academia con un sol más luminoso que ninguna otra vez salgo corriendo con la maleta hacia el edificio principal. Me espera una nueva vida en la academia.



    Llego diez minutos después al edificio principal. Allí hay muchos más adolescentes de mi edad, están con sus maletas y con sus familias.
    Me siento un poco sola pero aguanto con una sonrisa y con mi maleta en el vestíbulo. Me doy cuenta de que alguien los va llamando de uno en uno y estos se despiden de su familia y se llevan una llave consigo. Espero que no haya dicho mi nombre todavía.
   Me siento en un banco al lado de una chica de pelo rizado castaño y ojos azules, una extraña combinación.
    Sin saber qué hacer mientras no me llaman me miro la ropa que llevo: una camisa azul celeste remangada hasta los codos, debajo llevo una camiseta azul marino simple, en mis pies llevo unas simples zapatillas de tela azul celestes y por último unos vaqueros cortos claros.
    -Hola.- me dice la chica de cabello castaño devolviéndome a la realidad.
    Sacudo la cabeza un poco mirando hacia abajo y después la miro.
    -Hola- le digo con una sonrisa amistosa.
    -¿Cómo te llamas?- me pregunta.
    -Eveline, ¿y tú?- le pregunto; intento ser sociable, normalmente siempre he sido muy tímida y solitaria pero ahora puedo y quiero cambiar-lo.
    -Madeline, pero puedes llamarme Maddy.- me dice como si se avergonzase de su nombre, y no lo comprendo, Madeline es un nombre precio-so.
    -Está bien.- le respondo con una sonrisa.
Me quedo callada un rato hasta que suena mi nombre al fondo de la sala.
    -Eveline Anderson.
    -Me toca.- le digo a Maddy levantándome del banco. Cojo mi maleta y me voy hacia a la puerta. Antes de entrar veo una zapatilla cortándome el paso, pero cuando me doy cuenta ya estoy cayendo al suelo. Un desco-nocido me ha puesto la zancadilla. Oigo risas a mi alrededor pero levanto como si nada y sigo hacia adelante. Una mujer con un moño, pelo castaño y gafas me hace un gesto para que entre. Respiro hondo y entro en el despacho que hay detrás de la puerta.
    Una vez se cierra la puerta el despacho permanece en completo silencio, ya no se oye el barullo que hay fuera.
    -¿Eveline?- me pregunta un hombre que hay en una mesa de madera clara sin apenas polvo en frente mía. El despacho es blanco, con las banderas típicas del estado, el suelo es un parqué.
    -Sí.- le digo asintiendo educadamente.
    -Bienvenida a la academia.- me dice con una amplia sonrisa.
    Yo sonrío tímidamente a su vez encogiendo los hombros.
    Saca una llave de uno de los cajones de su mesa y me la ofrece junto con un mapa de la academia.
    -Tu habitación está en el edificio de Greenwich.- saca un librito de otro cajón.- Aquí tienes, es un cuaderno con las actividades, días de clase, festivos, exámenes finales, comienzo de las clases, recreos...
    -Gracias.- le digo antes de salir por la puerta otra vez. Esta vez miraré mejor al suelo.
  -¡Espera!- me grita el director justo antes de que cruce la puerta. Me giro hacia él esperando a que me diga algo.- ¿Puedes buscar Madeline Andrews y decirle que va contigo en la habitación?- sonrió para mis aden-tros, espero que sea Maddy.- Y toma, dale un mapa y un cuadernillo.- me dice acercándome la mano para que los coja.
    -Está bien.- le digo con una sonrisa forzada mientras me giro hacia la puerta y salgo.
    Voy hacia el banco en el que estaba Maddy mirando atentamente al suelo para no volver a caer hasta que llego.
    -¿Madeline Andrews?- le pregunto con una sonrisa.
    -Sí, ¿como...- empieza a decir hasta que le enseño la llave de la habitación y le digo:
    -Nos toca compartir habitación.
    Ella se levanta y las dos sonreímos mientras nos vamos del edificio principal.
    -Aquí tienes.- le digo dándole un cuadernillo y un mapa.
    -Gracias.- me dice.
    Caminamos durante un rato buscando el edificio, Maddy ha abierto el mapa y me indica por donde se va a la residencia Greenwich. También le ha echado una ojeada al cuadernillo. Al principio sus indicaciones no parecen tener mucho sentido pero con el tiempo empiezan a encajar sus indicaciones del mapa con las de la academia.
    Veo que guarda el mapa en uno de los bolsillos de su bolso y mira hacia adelante.
    Yo también lo hago. Ahí está, la residencia Greenwich.
    Maddy empieza a correr hacia la residencia, y yo la sigo como pue-do, a pesar de que ella es más alta que yo y corre mucho más.
    Llego unos segundos después de que llegue ella, estoy exhauta, pero ella no, está como si hubiese venido caminando y sin llevar ninguna maleta, debe de ser una gran deportista.     Bajo la espalda y apoyo mis ma-nos sobre mis muslos para descansar.
    -¿Cómo estás así?- le pregunto sorprendida.
    -¿Así cómo?- me pregunta.
    -Como si no hubieses corrido nada.- le digo estupefacta.
    -Oh, vamos, Eveline, no hemos corrido nada.- me dice.
    Me quedo aún más estupefacta, yo estoy completamente cansada y Maddy me dice que no hemos corrido nada, tendré que mejorar mi forma física, aunque yo nunca he sido muy deportista lo intentaré. Aquí, en la academia, puedo cambiar, puedo ser una nueva persona.
    -¿Estás cansada?- me pregunta al ver que no hablo.
    -Pues sí, lo estaba.- le digo poniéndome firme para mirarla a la cara.
    -¿Ya no?- me pregunta riendo.
    -No, ya he descansado.- le digo entrando en la residencia.
    Al pasar la puerta nos encontramos con la residencia completamente vacía a excepción de una supervisora que hay en el vestíbulo principal.
    -Hola.- le dice Maddy tímidamente.
    -Bienvenidas, ¿Eveline Anderson y Madeline Andrews?- nos pregunta la supervisora.
    -Las mismas.- responde Maddy sin vergüenza.
    -Pues yo me llamo Kate, voy a ser vuestra supervisora durante vues-tro primer año.- nos explica con una sonrisa.
    -Encantada.- le dice Maddy dándole la mano.
    -Encantada.- le digo yo más tímida y dándole la mano con menos fuerza que Maddy.
    -Bueno, vuestra habitación está en la planta de arriba. Es la ciento veintiséis.- nos dice haciéndonos un gesto hacia las escaleras.
    Maddy sube rápido las escaleras, incluso con la maleta a cuestas. Yo tardo más, pero aún así me espera. No sé si es porque llevo yo la llave o por educación, pero es igual.  
   Subo el último escalón y buscamos la habitación.
   En la planta de arriba hay dos pasillos, uno a la derecha de las esca-leras y otro hacia la izquierda, en cada uno parece haber cinco habitacio-nes.
   Optamos por ir por el de la derecha, nuestra habitación es la más cercana a las escaleras del pasillo derecho.
   Cojo la llave e intento abrir la puerta con impaciencia. Consigo abrir-la. Me siento aliviada porque si no lo hubiese conseguido Maddy habría descubierto que soy una negada del deporte.
   La habitación es grande, tiene dos camas, una pegada a la pared dere-cha y la otra al lado, entre ellas hay una mesita con dos lámpara; en la pared izquierda hay dos armarios, con cajones debajo de ello, hay dos ventanas al fondo. Más cerca de la puerta hay una mesa de madera con un ordenador y una silla de ruedas. El suelo es de madera, como el de toda la residencia y las paredes son moradas por la parte alta y blancas por la parte baja.
   Maddy corre junto a la cama que hay debajo de la ventana y se echa encima.
   -Me pido esta.- dice hundiendo la cabeza en la almohada.
   Me siento aliviada otra vez, pero también un poco egoísta, yo quería la de la pared. Y la he conseguido.
   Hago como ella y me dejo caer en mí cama.
   -¿Cansada?- me pregunta Maddy.
   -¿Tú lo estás?- le pregunto yo para responder lo que me diga ella. Ella gira la cabeza y me mira.
   -Yo he preguntado antes- dice con una sonrisa traviesa.
   -Sí...- suspiro.
   -¿Hace cuando que no practicas algún deporte?- me pregunta.
   Me muero de vergüenza, siempre he sido una negada del deporte. De pequeña estuve en un equipo de fútbol pero no me gustaría tener que repetir la experiencia, siempre llegaba a casa con alguna que otra herida y con muchos moratones. Las niñas del equipo me ponían la zancadilla en los entrenamientos y cuando no me la ponían ellas, me la ponían las del otro equipo contra el que jugábamos. Desde entonces no he practicado ningún deporte excepto en las clases de educación física del colegio.
   -¿Fuera del colegio?- le pregunto para no tener que responder y sacar otro tema de conversación que no sea el deporte.
   -Sí, en algún equipo.- me dice más interesada.
   -Hace unos diez años.- le digo hundiendo mi cabeza en la almohada.
   La levanto otra vez y la miro desesperada.
   -¿Qué crees que puedo hacer?- le pregunto.
   -Mañana los de cursos mayores nos harán una introducción de clu-bes, equipos de deportes, grupos de teatro, canto...
   -Sí, ¿qué sugieres?- le pregunto un poco desorientada.
  -Pues, echa una ojeada a todo, principalmente a los equipos de depor-te y haz las pruebas para uno.
   Es muy buena idea, así me pondré en forma y, si se me da bien podría ser popular...          Además estar en un equipo me haría ganar amigos, me agu-dizaría los sentidos y conseguiría esquivar las zancadillas para no caerme.
   De repente me invade la duda, ¿a cuál? No soy buena en ningún de-porte.
   -¿Y a cuál me apunto?- le pregunto indecisa.
   -A ver.- me dice mirando el cuadernillo de la academia.- Fútbol, baloncesto, volley, atletismo, balonmano, rugby, hockey, patinaje y- hace una pausa y hace una mueca con su cara- equipo de animadoras.
   -Fútbol no.- le digo inmediatamente, siempre que oigo la palabra fút-bol o lo veo por la tele pienso en zancadillas.- Hockey, no... ¿Cuáles que-dan?
   -Pues, baloncesto, volley, atletismo, balonmano, rugby y patinaje.- me dice Maddy echándole una ojeada al cuadernillo.
   -Descarta rugby, no tengo suficiente fuerza, patinaje tampoco, ni la paciencia ni el equilibrio son mi punto fuerte. ¿El atletismo es duro?
   -Sí, no te lo aconsejo si te cansas al correr un poco.- me dice medio riéndose.
   -Entonces no.- le digo decidida.
   -Pues solo te quedan tres, ¿baloncesto, volley, o balonmano?
   -No lo sé, los tres se me dan igual de mal.- suspiro.
   -Me parece que eres un poco pesimista, ¿no?
   -No, las cosas son como son, llevo diez años sin practicar ningún de-porte y estoy en pésima forma física.- le digo seria.
   -Vale, eso está en tus manos, cámbialo.
   Odio que Maddy tenga razón, está en mis manos y puedo cambiarlo, pero nunca he sentido fuerza de voluntad para hacerlo, así que no es que no haya podido, es que no he querido.
Suspiro.
   -Lo intentaré.- digo con esfuerzo.- Bueno, ¿a cuál me apunto?- le pregunto un poco molesta.
   -Hmmmmm.- se queda pensando, supongo que para no perder los nervios conmigo.- Apúntate a los tres.- me dice con una sonrisa.
   -¿Qué?- salto enseguida.
   -Que te apuntes a los tres, las pruebas del baloncesto son el sábado a las doce de la mañana, las del volley a las cuatro de la tarde y las del ba-lonmano a las siete.- me explica enseñándome un panfleto.
   -Acabaré exhausta.- le digo suspirando.
   -Y más fuerte que ahora también.- replica ella.
   -¿Crees que será buena idea apuntarme a tres deportes?- le pregunto un poco preocupada.
   -Sí, piénsalo, si no te admiten en un equipo te quedarán otras dos opciones, tendrás más posibilidades.- me explica.
En la cara se me forma una sonrisa contra mi voluntad.
   -¿Ves? Te gusta la idea.- replica Maddy.
   -Nada es fácil en la vida.- suspiro hundiendo la cabeza en la almo-hada de nuevo.
De repente la levanto bruscamente.
   -¿Y tú? ¿A qué te vas a apuntar?- le pregunto muy interesada.
   -Atletismo.- me dice con una sonrisa.
   -¿Cómo no?- le digo con otra sonrisa.
   -Es la hora de cenar.- me dice mirando un reloj que hay en la pared, yo también lo miro, no me había fijado en él hasta ahora. Las agujas marcan las nueve.
   -¿Vamos a la cafetería?- le pregunto levantándome de la cama.
   -¿Ya no estás cansada? ¿eh?- me dice riendo.
   -No. ¿Tu sí?- le pregunto yo con una sonrisa traviesa.
   -Sí, un poco. Se me han relajado los músculos. Pero vamos.- me dice levantándose de la cama.
   -A mí no.- le digo levantándome mientras me encojo de hombros.
   -Qué suerte.- me dice saliendo por la puerta sin sonreír mucho.
   Supongo que no me siento diferente porque siempre llevo los músculos relajados a causa de no hacer ejercicio.


   Caminamos un poco hasta que llegamos al comedor. Está a unos cuantos metros de nuestra residencia, al lado del edificio central y de los demás edificios con aulas.
   Maddy se detiene delante de un chico con una expresión de asombro en la cara.
   -Austin.- dice con asombro.
   -¿Maddy? ¿Qué haces tú aquí?- le pregunta él.
   El chico tiene los ojos marrones y el pelo castaño, un poco largo. La expresión de asombro sigue tanto en su cara como en la de Maddy.
   -¿Qué haces tú aquí?- le dice ella dándole un abrazo.
   -Pues, me he apuntado a esta academia, ¿tú igual no?- le dice el chico sin soltarla.
   -Sí.- le dice Maddy con una sonrisa apoyando su cabeza en el hombro de Austin.
   ¿Son pareja? Los dos están muy cariñosos, pero no tanto como para que parezca que están juntos. Después le preguntaré a Maddy, cuando volvamos a nuestra habitación.
   -Maddy.- le susurro a Maddy. De repente me siento mal. Los he inte-rrumpido.
   Maddy vuelve en sí y suelta a Austin, sus ojos brillar con mayor in-tensidad. Y los de Austin también.
   -¿Qué quieres?- me pregunta ella fingiendo que no está molesta por que le haya interrumpido.
   Austin se dispone a irse pero antes nos pregunta:
   -¿Queréis comer conmigo y con Ben?- señala una mesa en la que hay un chico, será Ben.
   -Vale. -le dice Maddy con una sonrisa.- Vamos a por la comida.
   Nos dirigimos hacia las bandejas. Entonces reconozco una deportiva que me vuelve a cortar el paso. Abro bien los ojos y levanto la vista para ver a la persona que ha intentado que me caiga.
   Es un chico, más alto que yo. Como todo el mundo. Y eso no me va a ayudar a plantarle cara. Tiene el pelo corto, rubio oscuro. Sus ojos son azules. Parece atractivo pero no es mi tipo, además me ha intentado tirar dos veces al suelo, y no creo que esta sea la última vez que lo intente, va a seguir intentándolo.
   Ahora mismo tiene una expresión indescifrable, parece una sonrisa diabólica.
   Me echo hacia atrás. Tengo la sensación de que me va empujar para que me caiga. Estoy asustada.
   El chico ríe sin compasión.
   Intentaba asustarme. Lo ha conseguido.
   Avanzo como si no hubiese pasado nada (que no ha pasado) y cojo una bandeja, un plato y un vaso para echame la comida.
   Me echo un puñado de patatas fritas y un par de filetes de pollo. Para beber me lleno el vaso de zumo de piña, no me gustan las bebidas con bur-bujas. Después me voy a la mesa en la que me esperan Ben y Austin.
   -Hola.- les susurro. Un saludo demasiado tímido.
   -Hola.- me saluda Austin más alto de lo que le saludo yo.
   Ben clava sus ojos verdes en mí. Empieza a evaluarme de arriba a abajo con sus ojos penetrantes.
   Primero le miro yo también a los ojos pero él me intimida demasiado y aparto la mirada de él. Estoy nerviosa, aunque más que eso, asustada. Ben no para de mirarme con una expresión indescifrable, no está feliz, pero tampoco triste, ni enfadado tampoco.
   Aguanto un poco más el examen que me hace Ben, hasta que aparta su mirada penetrante de mí.
   Una vez que ya no me mira, o al menos de la manera que lo hacía antes, dejo la bandeja con la comida en la mesa redonda de plástico gris y me dejo caer en la silla, que también es de plástico.
   Miro a Austin, que mira hacia el comedor a través de mí. La luz de antes vuelve a sus ojos. Supongo que Maddy viene hacia aquí.
   Unos segundos después ya está sentada al lado mía y de Austin.
   Yo tenía razón.
   Solo hay cuatro sillas en nuestra mesa. Maddy, al ponerse al lado de Austin me está obligando a hablar con Ben para dejarles intimidad, lo sé; pero yo no estoy por la labor de hablar con él, tan solo mirarlo a la cara me asusta.
   Mantengo la cabeza gacha mientras como, Maddy y Austin no paran de hablar y Ben intenta abrirse paso para entrar en la conversación. Yo no encajo aquí. Tengo ganas de irme a mi habitación y echarme en mi cama. Pero permanezco sentada, con la cabeza gacha, partiendo los filetes y comiéndomelos. De repente algo me hace volver a la realidad, al comedor en de la ATP.
   -Hola, te llamas Eveline, ¿verdad?- me dice un chico parecido a Ben por sus rasgos pero totalmente diferente. Su mirada penetrante que me asustaba, ya no lo hace, ahora parece incluso amistosa. Ahora me doy cuenta de que tiene el pelo castaño oscuro, y de que lo lleva echado hacia arriba.
   -Hola.- le digo yo a un volumen normal. Me sonrojo sin saber porqué.- Sí,- le digo respondiendo a su pregunta.- Ben, ¿no?
   -Sí.- me dice él con una sonrisa amistosa y con una mirada muy tier-na.
   Yo sonrío con timidez y vuelvo a agachar la cabeza. Tengo la sen-sación de que Ben me está mirando, pero no como antes. Lo miro de reojo, está mirándome embelesado, lo que también me hace sentir incómoda, pero no tanto como antes. ¿Le gusto?
   Termino la comida y me obligo a mirar al frente y a esperar a que Maddy termine de comer.
   -Eveline.- me dice Ben.
   -¿Qué?- le pregunto yo un poco distante. No estoy segura de querer irme de aquí pero tampoco tengo muchas ganas de quedarme.
   -¿Te gustaría venir el sábado a mi prueba de rugby?- me pregunta.
El sábado tengo el día totalmente ocupado por las pruebas, no puedo ir, y tampoco es que tenga mucho interés en verlo jugar al rugby.
   -¿A qué hora es?- le pregunto.
   -A las ocho dela tarde.- me dice con una sonrisa.
   Las del balonmano son a las siete, acabaré a las ocho, podría ir a verlo, pero no tendría fuerzas para moverme más después de las tres pruebas.
   -Veré si puedo ir.- le digo con una sonrisa para no desilusionarlo.
   -Vale, ¿tú te vas a presentar a algún deporte?- me pregunta Ben.
   Nos acabamos de conocer y está siendo sociable, demasiado sociable para mi gusto. Respiro hondo unas cuantas veces e intento relajarme.
   -Sí, a baloncesto, volley y balonmano.- le respondo. Me siento estú-pida. Nadie normal se apunta a tres deportes en una misma academia, y menos si las tres pruebas son el mismo día.
   -¡Vaya, tres!- grita sorprendido.
   Tengo ganas de decirle que baje la voz pero no tengo suficiente confianza con él. Me encojo de hombros y permanezco callada.
   -Eres una gran deportista.- me afirma después.
   Lo niego con la cabeza, aunque sonrío.
   -¿Entonces?- me pregunta Ben.
   -Nunca se me han dado bien los deportes, y así tendré más posibili-dades.- le explico con vergüenza.
   Él va a hablar pero Maddy se levanta de su silla, y yo también.
   -Adiós.- le digo con una leve sonrisa a Ben.



   No hemos hablado nada durante el camino, yo he estado pensando en las miles de preguntas que me han llenado la cabeza. Una vez entramos en la habitación, las preguntas salen de mi boca.
   -¿De qué conoces a Austin? ¿Sois pareja?- hago una pausa al ver su cara de desconcierto.
   -¿Eveline?- me pregunta sorprendida.- A ver, lo conozco porque antes vivía en mi ciudad e iba a mi instituto, y no, no somos pareja pero una vez lo fuimos.
   -Se os ve muy bien juntos, ¿lo dejaste?- le pregunto mientras me quito las zapatillas.
   -No exactamente.
   -¿Te dejó él?
   -No estoy segura.
   -¿Entonces?- le pregunto desconcertada.
   -Me puso los cuernos, me fue infiel, estaba con otra mientras que es-taba conmigo, por eso lo dejé.- me dice molesta.
   Voy a irme a los baños pero Maddy me detiene.
   -Me dijo que si no quería volver con él lo aceptaría y saldría de mi vida pero no quise volver, y nunca me imaginé que vendría a esta acade-mia.- me explica sollozando.
   -Vaya...- digo sorprendida.
   Después me vuelvo a levantar y me voy a los baños de la residencia. Saco una camiseta rosa larga de manga corta que me llega hasta los muslos y me la pongo con unos pantalones cortos azules y rosas. Después salgo de los baños y me vuelvo a la habitación.
   Cuando llego Maddy está llorando en su almohada.
   -Ahora está aquí, ¿no? Puedes arreglar las cosas.- le digo para conso-larla. Podrá arreglarlas si es que todavía le quiere.
   -Lo dejé ir, Eveline. Y ahora está con otra.- me explica sin parar de llorar.
   -Pues vaya chico, es un rompecorazones, muy afortunado debe de ser.- digo con amargura tumbándome en mi cama. Me siento extraña, esta vez no he contenido mis pensamientos y he hablado sin pensar, tal vez esa sea la clave para no ser tan tímida.